Alianzas, internas y consensos

Por: Redacción 29/08/2011

Mucho se discute últimamente sobre la necesidad de que la alianza en el Gobierno genere una nueva cultura política. Ahora bien, tal nacimiento no quedaría más que en el ejercicio del doble discurso si mantenemos las viejas prácticas para la elección de los candidatos a cargos electivos sin transparentar, tal mecanismo, por medio de una auténtica apertura a la participación de la sociedad civil, presentándose como términos aparentemente contradictorios la conveniencia de dirimir tales candidaturas, por medio de elecciones internas, o bien a través de la negociación y el consenso de sus dirigentes.

Estoy convencido de que tales términos no resultan antagónicos sino complementarios, pues en toda agrupación política que se precie de representativa de las mayorías, deben prevalecer dos tipos de consensos. El primero, relativo a la agrupación o alianza de partidos, basado en el diálogo constructivo y la búsqueda de un esquema de poder suficiente no solo para ganar elecciones, sino fundamentalmente para que garantice la gobernabilidad posterior. Y el otro consenso es para incorporar a los sectores sociales organizados y al ciudadano común a la participación de la constitución de una nueva coalición de poder que tenga fuertes características representativas y democráticas.

Creo conveniente señalar que las elecciones internas para cargos electivos, con el fin de evitar especulaciones de poder personal, y abiertas a la participación del ciudadano independiente como mecanismo de apertura de las estructuras partidarias, superarán los esquemas de decisión cerrados que conservan su condición de tal merced a la asfixia de la participación, sin permitir el surgimiento de nuevos liderazgos o la revalidación democrática de sus cargos.

Los partidos que integran la alianza del Gobierno, aún con su tradicional verticalismo, utilizarán seguramente las elecciones internas para dirimir su candidatura presidencial, por lo que la actual oposición no podrá desestimarlo en pos de abstractos análisis de corte especulativo o electoralista, pues ante la opinión pública caería en la digitación de candidaturas, producto de una concepción vanguardista de la política y despreciativa de la voluntad popular.

El manejo de aparatos y la distribución de cargos electivos en función de supuestos equilibrios internos no responden más que a la concepción de la pequeña política. Quienes proponen retornar a los orígenes de esta, tal como es el gobierno del pueblo y para el pueblo, no pueden caer en semejantes mezquindades y deben “plebiscitarnos” sin temor ante la voluntad de la gente, para que sea ella y nadie más que ella la que elija a las personas y propuestas que considere que mejor representan sus intereses.

Resultaría, no obstante, un error considerar que tal herramienta se contrapone a la generación de consensos. El desafío que afronta no solo la alianza sino la comunidad democrática panameña, intenta fortificar nuestro sistema de convivencia sobre la base de intensificar la participación no solo en la elección de candidatos sino en la integración de los equipos calificados y experimentados fomentando, al mismo tiempo e incesantemente, el diálogo constructor de dichos marcos de acuerdo.

Será entonces, a todas luces, posible consultar a la ciudadanía respecto de las personas que mejor representan sus intereses para que ocupen cargos electivos en el país, provincia y circuitos, articulando consensos entre distintos partidos para la distribución de responsabilidades en función de las capacidades de diseño y desarrollo de políticas por llevar a cabo.

Renovar la política y permitir la participación ciudadana, depurarla de sus representantes y mecanismos corruptos, articular consensos sobre la base del diálogo que tenga por objeto generar alianzas no solo electorales sino de programas y metas, y con miras para trabajar en pro del desarrollo económico y la integración social, son divisas que brindan sentido de existencia a una alianza y constituyen la verdadera alternativa que se espera en Panamá.

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