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Alimentos, panorama incierto


Al incrementarse el precio del petróleo, se estimuló a nivel mundial la utilización de sustitutos, de allí que la industria de los biocombustibles se hizo atractiva, pero afectó el precio de la materia prima (maíz y caña de azúcar), y de muchos otros derivados, alterando los alimentos de los animales de consumo humano. De allí que el aumento del precio de los alimentos aumentó y con ello el hambre de millones de personas en América Latina. Centroamérica y el Caribe llevan la peor parte. La ONU estima que en la región unos 10 millones de niños son afectados en su desarrollo (estatura y peso) debido a una alimentación insuficiente; donde Nicaragua, Haití, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú tienen las tasas de desnutrición crónica más elevadas. En nuestro país, si bien ha disminuido la tasa general de hambre entre la población, no así en las comunidades más vulnerables. Los que están en la peor situación son los niños y las minorías indígenas y los afro descendientes. Por su parte, la FAO insiste en que el panorama de alimentos por la crisis mundial seguirá siendo incierto en los países en desarrollo. Quizá en Panamá los factores externos que inciden en el precio de los alimentos no podemos evitarlos, pero los internos se pueden atenuar con políticas alimentarias más solidarias y justas, garantizando la accesibilidad mediante programas cónsonos con estas nuevas realidades.