¡Alto!

Por: Redacción 06/09/2017

¡Alto! Hay que hacer ya un alto, una profunda y sentida eflexión sobre la decisión de volver a las aulas. He participado en incontables huelgas y he sufrido las consecuencias de hacerlo, pero mi participación siempre ha obedecido a la defensa de los intereses de los estudiantes, del pueblo y en segundo plano, a las demandas por el bienestar de todos nuestros colegas.

Este prolongado paro me llena de contrición porque es preocupante la situación del docente en áreas de riesgo.

Pero más desesperante es la realidad que viven nuestros niños, los impotentes, los marginados, los que no pueden levantar la voz por temor a ser sancionados.

¿Qué decir del padre de familia que ve en el educador el guía para iluminar la vida de sus hijos a través de la educación?

¿Qué será de los niños de primero y segundo grado? Los que iniciaron el proceso de lectoescritura que debe ser continuo, ininterrumpidos. Si aspiramos a que sea exitoso. ¿Acaso una madre puede reemplazar a un buen docente, apoyado por un texto y animada de buena voluntad?

¿Qué podríamos decir de los chicos de duodécimo grado, esperanzados en ingresar a una universidad, que es probable que no les abra sus brazos, porque no aprobarán los exámenes de admisión?

Si la huelga se mantiene, esta será la realidad que afrontarán nuestros muchachos, los del pueblo de donde usted, y yo provenimos. No ocurrirá así en las escuelas privadas en donde, sin ánimo de ofender, trabajan muchísimos educadores huelguistas, pero allá, no pasa nada, no hay incertidumbre ni sobresaltos, ni angustias, porque ustedes nos están garantizando esa paz. Nosotros, la gran mayoría, porque somos maestros con profunda sensibilidad, somos capaces de pactar, reconciliar y buscar soluciones, porque andamos como el gran Maestro, por el camino de la redención y el sacrificio.

No estoy diciendo que la situación de peligro del docente debe mantenerse. Es prudente que las fuerzas vivas del país, los ciudadanos auténticos, sin ataduras políticas, educadores y las autoridades eclesiásticas deben mediar en la búsqueda de soluciones al problema.

Por los niños, por nuestros muchachos, cuyas dificultades son cada vez más crecientes, hay que hacer un alto. La intransigencia y la terquedad no tienen cabida, cuando se hizo el aumento salarial disfruté sinceramente de ese logro porque a los docentes se nos ha pagado siempre un salario irrisorio, indigno. Actualmente se está ganando el salario de un profesor universitario, con los títulos que lo acreditan para ello. Estos estimulos nos obligan a un compromiso tácito formal.

Debe haber muestras fehacientes de la disposición por laborar eficientemente, hecho que la comunidad no percibe.

Hoy en día, la gente se abstiene de hacer comentarios para evitar que se le asocie a favor o en contra del Gobierno, pero es que la educación es un problema de todos y es una responsabilidad ciudadana emitir juicios que quizás puedan contribuir a mejorar y resolver los problemas existentes.

De no encontrar prontamente una salida, el pueblo, en su momento, sancionará nuestras acciones y nuestra innata beligerancia como líderes de la comunidad en defensa de los más vulnerables, de los más indefensos, se pondrá en duda.

Hay que erguirse, por sobre todos los obstacúlos y que el país vea en nosotros a la persona noble, desprendida, que depone intereses en provecho de los aprendientes.

Tenemos, con buen juicio, que rescatar la dignidad y el respeto que podemos haber perdido.

 

¡Dios nos bendiga!

Educadora

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Martes 14 de julio de 2026