Alto al circo
Las elecciones generales en Panamá terminaron hace 26 meses, pero el espectáculo de la política no se ha detenido con la asunción al poder de los nuevos gobernantes.
Mientras el país enfrenta grandes problemas educativos, de seguridad y de salud, especialmente, las muertes por la bacteria KPC en la Caja de Seguro Social, el aumento en los casos de dengue hemorrágico, que ya ha cobrado la vida a seis personas, los dirigentes del partido de gobierno y los de oposición mantienen su “show” en vivo y a toda hora.
La política es parte fundamental en el ejercicio democrático de un país, pero los panameños en estos últimos meses viven atragantados con las disputas políticas, las jornadas de inscripciones, la pelea intestina entre presidenciables, los constantes cambios de diputados, alcaldes y representantes de un colectivo a otro y las fusiones de partidos.
Pero quienes hoy ostentan el poder han incluido en la larga cartelera otras presentaciones que mantienen ocupado al público.
La fracasada intención de la reelección presidencial, que la población hace años la rechazó en un referendo porque no cree en esta figura, y la polémica segunda vuelta electoral, se han convertido en elementos de distracción.
Los panameños eligieron a sus autoridades para gobernar y para hacer de este un mejor país para todos, sin distingo de a qué partido se pertenezca.
La política tiene su momento. Ha sido un gran error adelantarla tres años, pues los panameños exigen soluciones inmediatas y verdaderas.
El Gobierno debe redoblar sus esfuerzos para cumplir sus promesas de campaña y la oposición también puede ayudar, pero sin caer en la politiquería barata.
