Ambiente enrarecido en órganos de justicia
Por muchos esfuerzos que se han hecho, el órgano judicial sigue exhibiendo un entramado de intrigas y forcejeos que lo proyectan sobre la sociedad como un ente con serias inestabilidades. Es innegable que en los tribunales se expresan las más agudas contradicciones de la sociedad, llevadas a delitos, pero se espera que sea entre los establecimientos de justicia y los delitos que aquejan a la sociedad, no entre sus propios componentes; y si así es, que transcurran, entonces, transparentes las verdaderas motivaciones de los casos. Lo contrario es seguir haciendo del Órgano Judicial y del Ministerio Publico entes poco confiables, cuyas acciones reclaman una constante vigilancia de la ciudadanía. Hasta ahora se ha estilado conocer las críticas que lo rondan, pero pocas han sido las respuestas contundentes provenientes de estos organismos, hecho que genera una duda lógica aun en aquellos que han confiado en su gestión. ¿Qué credibilidad puede tener, por ejemplo, la audiencia practicada a la Procuradora suspendida, Ana Matilde Gómez, si constantemente trascienden actos que enumeran tráficos de influencia, controles extramuros o funcionarios señalados porque se pavonean de sus relaciones con el poder? Con situaciones como esas estas entidades no necesitan detractores.
