Amigos del poder y en el poder
Amigos? a quiénes llamamos amigos. Amigos, aquellos que realizan proezas de amor o aquellos que se aprovechan del dolor. Hemos de escribir todos aquellos que sentimos dentro nuestro el dolor constante de ver cómo cada día a nuestro alrededor vemos cara de dolor. Dolor reflejado en caras mustias llenas de color humano.
Si con nuestros escritos pudiéramos dar a nuestra patria pequeña un poco de esperanza, cuántas cosas no les diríamos. Les diríamos esperemos jubilosos dos años más con la esperanza de que un nuevo gobierno restaurará la economía, administrará mejor la justicia, mejorará el transporte, planificará mejor la educación, dará esperanza a los enfermos y, sobre todo, devolverá la dignidad perdida a nuestro pueblo.
Queridos amigos, les diríamos con esperanza, un nuevo gobierno nos dará emoción del talento humano, apaciguará nuestra tormenta diaria al escuchar cómo cada día hay menos violencia y criminalidad.
Un nuevo gobierno dispuesto a ser suyo los deseos de los panameños y panameñas y de todos nuestros hermanos de otros países que convergen diariamente hombro a hombro con nosotros, para hacer de esta patria una realidad de mejor calidad de vida, empleo, alegría y verdadero empeño.
¿A quién llamaríamos amigo, hermanos y hermanas panameños? A todo aquel que quiera trabajar, a todo aquel que se levanta cada día con la esperanza de mejor transporte, de un empleo digno; que tenga al menos la idea de que existe seguridad, que encuentre en los centros de salud y hospitales respuesta a aquello que lo aqueja. Al agricultor, que madruga para sembrar y cosechar; al ganadero, al obrero, al oficinista, al dependiente.
¿A quién le llamaríamos amigo? A aquel al que le di un puesto de gobierno porque me hizo campaña política, donó grandes sumas de dinero para que hoy ocupe una silla presidencial que me queda grande, en donde no caben mi familia, mis conocidos, los bien llamados amigos. Solo eso, cinco años de amistad que pronto pasa. Pero señores, no el pueblo primero.
Qué tristeza sentiré mañana si a los que hoy les llamo amigos, cuando se me acabe el nebuloso poder, huirán de mi lado cual espanto y yo, sumido en llanto, a mi pueblo llamaré primero.
¡Oh Dios!, ¿por qué no tocaste mi corazón si yo no sabía lo que hacía a mi patria pequeña? Qué solos se quedan los muertos. ¡Hay muchas formas de ser discapacitados! La más peligrosa es la de "no tener corazón".
Jubilada