Amigos y “manzanillos”
El presidente Martinelli dijo recientemente que tenía pocos amigos y muchos manzanillos. En la jerga panameña, manzanillo es el oportunista que está con todos los que llegan al poder y se la pasan elogiándolo para asegurarse la “pitanza”, como diría un español. También se les conoce como “ cepillos”.
Recordé una anécdota similar en la historia de Francia. Pasaban bajo el balcón del palacio de gobierno miles y miles de hombres vitoreando al Emperador Napoleón Bonaparte. Y su ministro de Asuntos Exteriores, el astuto Talleyrand, le dijo: “Ve, Majestad, cuánto lo ama el pueblo francés”. Y Napoleón le contestó: “No me aman a mí sino al poder que tengo. Esos mismos hombres asistirían a mi decapitación… ”
Sí, los amigos son pocos y los arribistas y logreros muchos. Otra anécdota. Gobernaba el imperio romano el General Pompeyo; y Julio César, su rival, estaba en las Galias ( Francia). El pueblo romano aclamaba a Pompeyo como a un Dios. Pero un día, Julio César decide disputarle el poder a Pompeyo; y marcha hacia Roma con un centenar de seguidores. La lucha, se pensaba, iba a ser muy desigual. Pero César se fue fortaleciendo en el camino; y cuando se encuentra con Pompeyo en las llanuras de Farsalia (Grecia), lo derrota. Pompeyo huye hacia Egipto, donde esperaba la ayuda del rey Tolomeo, a quien había puesto en el trono. Pero cuando llegó a Egipto, ya su amigo sabía que César lo había derrotado, y le tumba la cabeza, que entrega en una bandeja de plata a César que lo perseguía. ¡Ese era el amigo de Pompeyo!
Julio César regresa a Roma, y es aclamado como a un Dios. Nadie recordaba entonces a Pompeyo; y César pide que busquen, por todo el imperio si es necesario, a un amigo de Pompeyo. Y después de mucho buscarlo lo encontraron, se llamaba Paunías. Y se lo llevaron al dictador. César le preguntó si era verdad que seguía siendo fiel a Pompeyo, y Paunías le contestó que sí: que él seguía admirando a Pompeyo como al más grande de los generales que había tenido Roma, y como al más noble de los hombres del imperio…
Se conmovió César de la fidelidad del amigo de Pompeyo; y ordenó que le dieran todo lo que necesitara y se le protegiera. Como un cortesano le dijera a César que no entendía su actitud con un hombre que le había dicho en su propia cara que seguía siendo amigo de su adversario, Julio César exclamó: “ ¡Cambiaría el millón de serviles que vitorean mi nombre por un solo Paunías!”
Tal vez, eso fue lo que quiso decir Martinelli frente al enjambre de cepillos que ahora lo aclaman…
