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Amor e intereses

Por: Redacción 14/02/2015

En un mundo en el cual tantas veces se relacionan historias de amor que no son tales, que se cultiva la venganza hasta extremos insospechados, que se practica el odio y la violencia más que la reconciliación y la armonía, realmente cuesta divisar la autenticidad de ese amor que mueve todo el universo. Con urgencia hemos de retornar al verídico amor; es una cuestión fundamental para la convivencia y para la vida misma en sí.

Nada se entiende sin amor, pero ha de ser verdadero. Tampoco nada se sustenta sin amor, pero ha de ser auténtico. Ciertamente, resulta difícil dejarse cautivar por él en un mundo de intereses. Sea como fuere, a todas luces, vivimos en un mundo de contradicciones. Hoy, prácticamente en todos los países celebramos la onomástica del amor en San Valentín (14 de febrero). Sin embargo, el estado de confusión es tan grande, que ubicamos el amor como un sentimiento tan solo, cuando en realidad es una actitud de vida, que nace de la experiencia de vivir.

Evidentemente, la grandeza de la humanidad está determinada por esa capacidad de sentirse próximo con el prójimo que sufre. Nos hemos alejado del amor, y nos hemos imbuido de un amor que todo lo confunde e imagina, que no se mueve en otro horizonte nada más que en el de los beneficios. La persona que en verdad ama está pendiente de todo y de todos, su ritual forma de ser está más en dar que en recibir, en hacer lo posible por perdonar y comprender. Lo decía Gandhi: el amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga.

San Valentín, allá por el siglo III, vio que era injusto que el emperador Claudio II decidiera prohibir la celebración de matrimonios, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, y no dudó en desafiarlo, celebrando en secreto uniones de jóvenes verdaderamente enamorados. En este sentido, pienso que la sociedad de hoy da muchas facilidades para reunirse, para hacer el amor con cualquiera, pero pocas para efectivamente encandilarnos de la persona.

Enamorarse no es un mero guion de una telenovela más que nos injertamos en vena, es todo lo contrario, un camino a seguir para afrontar los desafíos que la vida nos presenta y ser capaces de reconocer e interpretar las necesidades, las preocupaciones y los anhelos que anidan en el mismo corazón de cada ser humano.

En consecuencia, apremia querer, pero aún más querernos, en un mundano planeta donde tantas veces destruimos el deseo de la exactitud, de la búsqueda, y la disponibilidad para el amor. Somos hijos del amor, pero de un amor muy diferente al que se vive y se predica. El reto, como en su tiempo hizo San Valentín, pasa por restaurar la fidelidad, otro valor en crisis. Ahora nos instan a buscar siempre el cambio, la novedad más absurda y esclava, soslayando hasta las propias raíces de nuestros progenitores. Claramente, amar es hallar en la belleza del otro tu propia belleza. Solo así se puede uno embellecer mutuamente. Por tanto; capacítese para el amor, ame más el diario amor, y quiérase hasta la extenuación.

 

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Martes 4 de agosto de 2026