‘Amor’ a la guerra
Miembro del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
La prueba de que el Estado Islámico tiene éxito en promocionarse, mostrando en videos tremendas salvajadas, es que se habla más de él que de los que son peores, como los narcos, y sus contrapartes porque una guerra se hace con dos bandos. Días atrás apareció decapitado, torturado y con las manos cortadas el dirigente leninista del Frente Popular Revolucionario, Alejandro Salgado de 32 años, que intentaba mejorar las condiciones de los jornaleros de Guerrero, México, una de las zonas de mayor cultivo de opio del planeta, y que promovía las movilizaciones por la muerte de los 43 estudiantes encargada a los sicarios narcos.
En esos mismos días fueron hallados 61 cadáveres ocultos en un crematorio abandonado de Acapulco (750,000 habitantes), otrora la joya del Pacífico que hoy ostenta la tercera tasa de homicidios más alta del mundo, tras Caracas y San Pedro Sula (Honduras), y donde los narcos libran una lucha brutal. Ahora, esta guerra contra las drogas que lleva más muertos que la de Vietnam y absorbe cantidades siderales de dinero, se le ocurrió prohibir algunas drogas.
En primer lugar no es cierto que los drogadictos tengan tendencia a ser feroces delincuentes sino todo lo contrario, son personas física y sicológicamente disminuidas. Si se comportan como diabólicos forajidos es porque el Estado los criminaliza –empezando al perseguir como “delincuentes” a los consumidores- y los obliga a tener que delinquir para poder consumir la droga prohibida. El reciente informe de Johann Hari, periodista británico, tiene lógica y sentido común de modo que debe considerarse.
En su libro 'Chasing The Scream: The First and Last Days of the War on Drugs', Hari explica que no es cierto que los drogadictos no sean recuperables, lo son y de modo rápido en la medida en que se les dé la posibilidad de realizarse como seres humanos, empezando por amar y ser amados. Por ejemplo, la Guerra de Vietnam. Según Time, el consumo de heroína era tan común como mascar chicle: 20% de los soldados había desarrollado la adicción allí, según un estudio publicado en los Archivos de Psiquiatría General. No obstante, el 95% de los adictos dejó las drogas al volver a casa, aun cuando pocos se sometieron a rehabilitación, porque pasaron de una terrorífica jaula a un lugar agradable. Por tanto, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad, es la conexión humana, dice Hari, cosa que la “Guerra contra las drogas” complica enormemente.
Los amantes de las guerras, de la violencia, deben entender que esta es una reacción primaria del hombre que debe ser superada porque lo que hace inmortal al ser humano es su alma y razón.