Amor sin barreras, ni medidas
Hace algunos años, me encontraba con la familia y me di cuenta que por mucho tiempo estuve capturando las horas en beneficio de mi crecimiento profesional, lo cual siempre ha sido bueno. Sin embargo, esto descartó toda posibilidad a otros temas. Observando a los niños corretear, pude notar y hasta sentir lo que en algún momento me dijera una persona sabida cuando le pregunte: ¿Cómo saber si estamos preparados para recibir y asumir las responsabilidades de un hijo?, a lo que éste me respondió: “todo llega a su tiempo, ya te llegará ese reloj biológico”.
Increíble, pues llegó mucho antes de lo que pensé: Justo habiendo terminado dos de mis más importantes proyectos de vida, en especialidad académica y como esposa, cerré los ojos y al volver a abrirlos, Dios me regaló lo más preciado: una hermosa niña de ojos brillantes, con piel tersa y un apego a la nueva mamá.
Todo paso así: Estando en el momento del alumbramiento, justo luego de mucha tensión por el instante del parto, pregunté: ¿Qué pasa doctor, no la escucho?, a lo que respondió: “Tranquila, ya viene” y en cuestión de segundos escuché un llanto desesperado que sin poder controlar; corrieron por mis ojos lágrimas de alegría, de esperanza.
Viendo este escenario, el doctor llevó a mi bebé justo cerca de mi rostro y como algo mágico, ella, María Fernanda, se sosegó. Sin duda, puedo decir que, ¡este ha sido uno de los momentos más especiales de mi vida! A las madres, que son madres, pues han dado a luz a sus hijos; a las que están a la espera; a las que dan a luz, que aman y desean saber más de cómo manejar esta nueva vida; a todas las que tienen este gran privilegio de ser Mamás, les digo: conserven estos momentos pues nunca vuelven, consérvenlos para que queden prendados en su mente, su carita, su llanto y su gesto de alegría al sentirles cerca.
Una realidad: ese ser que con esfuerzo, paciencia y porque no decirlo ilusión, trajimos al mundo, ha cambiado nuestro mundo, nuestra manera de ver las cosas y de enfrentarlas. Incluso, desde el mismo momento en que supimos que estaba allí en nuestro vientre, nos brindó nuevas razones para establecer metas, valores, planes de vida. A ese ser que nos dio un nuevo motivo para soñar y ser mejores personas cada día; a ese ser que nos hizo ser madres, dedicamos hoy nuestro amor, sin barreras, sin tiempo, ni medidas.
¡Gracias hija porque contigo soy mejor! ¡Gracias Madre porque me diste la vida, la sabiduría para pensar con ecuanimidad, para valorar, gracias por ser mi Mamá! ¡Felicidades a todas las madres en su día, cada día!
Periodista y Psicopedagoga.
