Año jubilar en la Iglesia católica
El 28 de noviembre, al atardecer, nos congregamos en otra celebración eucarística en la basílica Don Bosco, uno de los templos más céntricos de la ciudad de Panamá, en donde reposa la imagen recién bendecida por el papa, de santa María la Antigua, que por el momento será venerada en este templo. Al hecho de iniciarse la apertura del Jubileo se sumaba la reunión ordinaria del Sedac (Secretariado Episcopal de América Central) es decir, de los arzobispos y obispos de América Central y Panamá.
Todo lo cual, si tenemos en cuenta la otra solemne liturgia que se celebró en el templo de los franciscanos de San Antonio, ha dado una idea de lo que es una iglesia triunfante aunque la verdadera Iglesia triunfante será la de los resucitados en el cielo, pero nadie nos puede negar que en cuanto a celebraciones litúrgicas como suelen darse por televisión, en la EWTN, como la última de la promoción de los nuevos cardenales, y nuestras celebraciones, nadie podrá decir que puede admirar algo mejor tanto en los cánticos como el orden de los que participan como la clase de discurso que suele acompañar este tipo de reuniones.
Me impresionó en esta última liturgia la letra del himno religioso con que abrió la ceremonia, ya que la ejecución musical por el Coro Arquidiocesano dirigido por el magíster Elías Osorio fue excepcional; dijo la letra expresada la actitud de los que allí participaban: “Hoy venimos llenos de ilusión, Señor, ante tu altar con un largo camino recorrido, son quinientos años de andar que no pueden con su luz y sombra entrar en el olvido. Tú sembraste, fruto del amor, tu gracia en nuestra tierra y los hombres pusimos la maldad, hoy queremos buscar con esperanza el futuro de una tierra nueva en solidaridad”. El coro completa la plegaria: Que esta, mi Señor, nos dé su impulso, para hacer solidario un continente que comparta sus bienes y sus cantos y que rompa los yugos de la muerte”. Son iguales las razas y pueblos ante ti. Señor, indios, blancos, morenos y mestizos, las culturas. Tú quieres abrazar, como lo hace un padre justo y bueno con todos sus hijos.”. Estas líneas expresan lo que queremos celebrar.
Quedan por delante otras reuniones litúrgicas y de otro tipo que vienen a vivificar la generosidad en estos momentos de ayuda a los damnificados de Colón, La Chorrera, Arraiján y Capira. En donde debe actualizarse y hacerse vida la fe que impulsará toda clase de ayuda a los miles de necesitados, todo el triunfalismo lo tenemos que convertir, ver cómo entre todos reparamos parte del cataclismo que sufrimos todos.
Sacerdote jesuita.