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Años de ceniza


Así como para demostrar su humildad y tristeza en ciertas religiones y en otras épocas más inocentes las frentes se cubrían de cenizas, ahora que ya no somos ni inocentes ni malinformados tenemos toda la razón de cubrirnos no solo la frente, sino todo el cuerpo y llenarnos sobre todo la boca de cenizas para que estas nos ahoguen y nos impidan hablar y opinar sobre el drama que estamos viviendo cotidianamente como lo desean los gobernantes de turno.

Como podemos los ciudadanos comunes y corrientes,los que nunca hemos pertenecido a los corruptos partidos que se turnan para lucrar del erario público, enriquecerse con los impuestos, el dinero que piden prestado y que luego tenemos todos que pagar, aquellos que no ponen reparos en cínicamente vender ríos, humedales, islas y ahora el subsuelo, como podemos digo reaccionar, impedirles llevar a cabo su funesta labor? ¿Tenemos verdaderamente que llegar a los extremos de morir por defender el derecho a una vida digna?

La última gota que ha desbordado el vaso de la miseria en que viven 40% de los panameños es la insistencia en "reformar" el código minero de una manera tan inconsulta, tan prepotente, que esta insistencia en defender lo indefendible nos hace pensar que "hay gato encerrado" que intereses poderosos ya han intervenido ya aseguraron el negocio y por eso hay que concluirlo a toda costa. Nuestras desgastadas instituciones son tan poco creíbles que nadie piensa que lo que están tramando puede ser en beneficio del país. Esbirros de la más antigua dictadura del continente tratan de "pescar en río revuelto". Y esto no lo podemos tolerar.

Un moratorio se impone, necesitamos capacitar a los indígenas para que ellos que serían los primeros afectados ,decidan en un consenso nacional de que manera, cuando y como se debe alterar nuestro ambiente para ganar un dinero que nunca, en ningún país de minería, a beneficiado a los directamente afectados es decir a todos nosotros pues en este contexto podemos decir: todos somos gnöbes.