default

¡Apártate de mi Satanás! (II)


Nadie debe parar la sed de amor, de subir la montaña de la santidad, de la perfección de una persona, porque se convierte en instrumento de las tinieblas. Así como suena. Nuestra misión es crecer, crecer, sin detenernos, hasta llegar al encuentro con el Señor al final de nuestra vida. Lógicamente nunca está de más la advertencia, gracias a la experiencia, que hay que dar siempre a las personas que se lanzan a conseguir una meta, sobre obstáculos, tentaciones y de más cosas que van a encontrar en el camino y sobre todo, si en verdad se ha pensado bien en el camino que se va a seguir.

Pero un pueblo, una comunidad, una nación debe estar continuamente diciendo: “!apártate de mi Satanás!” a las tentaciones de injusticias, vicios, corrupción que se ciernen continuamente en su vida, sumando fuerza espiritual, moral, judicial, policial y otras, para luchar contra el mal, adecentar el ambiente y humanizar la cultura de un conglomerado social. Ahora bien, todo cambio comienza por uno mismo. ¿ En qué me tienta más Satanás?. ¿ Cuál es mi talón de Aquiles, mi mayor debilidad?. ¿ En qué estoy consintiendo yo las tentaciones de las tinieblas?. Todos estamos tentados por esas “30 monedas” de Judas que están continuamente sacudiendo nuestra conciencia. Debo gritar con todo el alma: “!Apártate de mi Satanás!”. Para eso, igual que Jesús debo: 1. Estar consciente de mi misión en la tierra. 2. Ser un celoso defensor de mis metas y saber qué es lo que puede apartarme de mi camino. 3. Cultivar al máximo mi fidelidad a la obra del Reino de los Cielos y poner todo el empeño en sacrificar lo que sea para alcanzar mis objetivos en la vida. 4. Contar con la ayuda del Señor, implorar siempre su bendición, entregarme a El con todo mi ser. 5. Unirme a personas que como yo tengan aspiraciones parecidas y compartir conocimientos, consejos, apoyos de diversa índole. 6. Intentar superarme cada vez más en lo que es de mi competencia con la dedicación, estudio, perfección de habilidades, buscando crecer cada vez más. Y por supuesto, cuando veo que hay algo que me quiere apartar del camino de superación emprendido, gritar con todo mi ser “!apártate de mi Satanás!”, e implorar la fuerza del Señor con quien en verdad somos invencibles. Amén.