Apostando a la vida
Nos complace el proceso histórico del camino hacia la paz en el vecino país de Colombia y cómo las partes establecen un principio de reconciliación que se abre entre la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), fundada en 1960, la que cuenta con unos 9,000 miembros en armas y constituye la guerrilla activa más antigua del continente, con el Gobierno colombiano en las negociaciones que se adelantan en la ciudad de La Habana, las que se retomarán el próximo lunes 11 de agosto. Este diálogo de paz va aparejado con la reelección a la presidencia de Juan Manuel Santos, quien tomó posesión de su segundo periodo el pasado jueves 7 de agosto, y que en su discurso de victoria anunciara que el siguiente paso de Colombia es la firma de la paz y posiblemente la llegada de un referendo que convoque un gobierno de reconciliación para el posconflicto.
Pero dentro del intrincado laberinto que ha generado este escenario armado, es importante que prevalezca el legítimo interés de propiciar cambios, en los cuales los victimarios garanticen un resarcimiento completo, pues no se trata de una reparación económica o simbólica ni nada similar, ya que la paz no existirá si estos no están genuinamente comprometidos a detener las acciones que llevaron al conflicto, y reconocer el mal que han hecho.
Serán las víctimas quienes podrán dar una lección de humildad, amor, conciliación, pese a todo lo sufrido, son ellas las verdaderas protagonistas de este pacto.
Pero mientras que el devenir histórico continúa su curso, he leído con pausa y congoja el dramático testimonio de la actual senadora Clara Rojas, plasmado en su libro Cautiva, (2009), en el que nos narra su supervivencia en la selva, su ansiedad y su incertidumbre. Sin embargo, me llama poderosamente la atención su experiencia ante su embarazo en el entorno inhóspito del espesor de la jungla, desprovisto de las minúsculas condiciones sanitarias para el alumbramiento. No enunciaré aspectos ya citados en mi anterior artículo sobre el libro No Hay Silencio que No Termine, de la también secuestrada Ingrid Betancourt, aunque no dejan de ser espantosos semejantes relatos y las cicatrices emocionales e indelebles ante esta colosal prueba.
Ingrid Betancourt y Clara Rojas nos comparten sus sufrimientos, sus heridas y sus sueños con la liberación, representan la valentía, la resistencia, pero sobre todo el fiel testimonio de fe y actitud positiva ante la barbarie. Una y otra —creo yo— viven ese encuentro espiritual con aquel ser supremo que los cristianos llamamos Dios. Como bien manifiesta la autora de Cautiva, fue la fuerza interna que la empujó a no morir en el intento. Sin embargo, arrancar un hijo de los brazos de su madre para luego regalarlo es un trago amargo, es el sufrimiento más desgarrador contra la mujer.
La intensa historia de estas protagonistas describe de forma conmovedora y palpitante sus tragedias, algunos episodios de su vida los han dejado entrever o los han dejado a la imaginación del lector, tal es el caso de la relación de Ingrid con uno de sus compañeros de cautiverio, paralelamente el embarazo de Clara Rojas, quien fue muy cautelosa en relatar las circunstancias de su concepción, el nacimiento, separación y el encuentro con Emanuel; asimismo, es imprecisa en revelar la identidad del padre de su hijo. Da la impresión de que la autora quiere contar distintas vivencias, que de hecho nos atrapan, pero el nacimiento de un niño siempre envuelve la existencia de un padre, y aquí pierde su esencia.
Por último, no entraré a desmenuzar las razones del distanciamiento de estas valerosas escritoras, puesto que lo que han revelado carece de soporte frente a las circunstancias límites a las que fueron sometidas y que representaron razones suficientes para que permanecieran más unidas y fortalecieran sus lazos de amistad. Además, es evidente que el destino no les prometió una trayectoria juntas, ambas eligieron caminos diferentes, pero indistintamente: ¿Dónde quedaron los principios de igualdad? ¿Sus luchas por los menos favorecidos? Y, ¿dónde está ese desprendimiento para transitar por el camino de la humildad?
Son las interrogantes que nos dejan, cuando de viva voz ambas autoras han puntualizado su experiencia y coraje de mujeres bíblicas, que hoy en los umbrales del proceso de paz, el mundo las mira con admiración, pero también espera con ansiedad el cómo asumirán el tema del perdón. Y la reconciliación.