default

Apostar al Darién


La frontera a la que por décadas menos atención se le ha brindado, parece un niño berrinchudo que apenas logra atraer la mirada de los gobernantes de turno.

El Darién pareciera la línea de la indiferencia, del abandono, de la lejanía. La falta de infraestructura ha dejado el camino libre para que otros llenen los espacios que el gobierno no ha tomado por años.

Es una de las provincias que refleja los peores índices de pobreza, de insalubridad y de mortandad. Esta situación resulta una oportunidad de oro para el crimen organizado que sabe recompensar el silencio y la “complicidad” de las poblaciones que les brindan apoyo para operar.

Tradicionalmente ha sido una zona de refugio y descanso para los grupos irregulares que cruzan a Panamá y dan sustento a los lugareños. Ahora la estrategia gubernamental parece aguarle la fiesta a estos grupos. Martinelli juega con otras cartas; pretende retomar el dominio territorial que las organizaciones al margen de la ley ya acapararon. No solo eso, se instalaron y protegieron sus campamentos con minas antipersonales que detonaron una reacción despechada del mandatario.

Esta no será una tarea fácil. El crimen organizado está infiltrado en varios estamentos del gobierno. En cambio el las instituciones poco han hecho para adecentarse. El narcotráfico conoce sus movimientos, los planes y las posibles amenazas en su contra. Le llevan mucha cancha a la inteligencia estatal.

Una de las fórmulas infalibles para sembrar seguridad es promoviendo el desarrollo sostenible mediante la paliación de la pobreza absoluta, la prestación de servicios sociales básicos, oportunidades de vida, de educación y trabajo. De no atender este tipo de necesidades fundamentales para vivir, la población seguirá a las ordenes de quien les brinde mejores horizontes sin importar a qué bando pertenezcan. La inseguridad no sólo favorece la injusticia, provoca miedo, y destruye la confianza; base de la democracia.