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¡Apoyemos a Dely Valdés!


Fue un acierto designar a Julio Dely Valdés director del seleccionado de fútbol, después del enrevesado proceso que precedió a su contratación, desencadenado por el anuncio del presidente Martinelli de destinar la suma de cinco millones de balboas para pagar “un super entrenador” que, supuestamente, nos garantizaría la clasificación para el Mundial Brasil-2014. Ese anuncio fue inoportuno y equivocado. Y lo agravó el abierto reconocimiento de que la intención era que “quien pagara la orquesta, también decidiera la música”.

No conocemos todos los entresijos de las pugnas que hubo entre el gobierno y las dirigencias deportivas que, con fundamentos jurídicos, reclamaban que de ellos, y no del jefe del Órgano Ejecutivo, era la facultad de designar el DT del seleccionado nacional pero, por los resultados debemos concluir que, finalmente, fue la Federación de Fútbol, la que escogió a Dely Valdés.

Nunca me pareció buena idea que se gastaran cinco millones de dinero público en contratar supertécnicos. Para comenzar, esa suma no hubiera alcanzado por contratar a uno de los considerados “genios”, capaces de hacer milagros. Mouriño le cuesta al Real Madrid 12 millones de dólares, por año, y los que aspiran a entrar a ese olimpo o están en el escalón inmediatamente inferior, son requeridos por los grandes clubes de Europa o aspiran a ser contratados por ellos. No creo que en sus planes estuviera asentarse en Panamá por 4 ó 5 años.

Por otra parte, si se hubiera contratado un “técnico de mediano nivel”, o uno de los “grandes ya pasado de moda”, él sólo hubiera costado los 5 millones, sin contar otros gastos que, por 2 ó 3 millones más, demanda preparar una selección con pretensiones mundialistas.

Al final, correctamente, se optó por dar la oportunidad a Dely Valdés; pero no bajo las mejores perspectivas. En primer lugar, hacerlo por un plazo tan corto, pendiente a lo que puedan “decidir” las nuevas dirigencias, enfrascadas, como es de conocimiento público, en una sórdida lucha por la sucesión en el control de nuestro fútbol, económicamente productivo, aparte de injusto, impone una condición de precariedad que no se compagina con un proyecto a futuro. Si a alguno de “supertécnicos” sondeados para el cargo le hubieran ofrecido un contrato de tan corta duración, con seguridad los habría mandado a volar.

En segundo lugar, aunque aparentemente el gobierno “se ha marginado” del proceso de la selección de Dely Valdés, su apoyo, principalmente económico y a tiempo, para garantizarle los recursos que le permitan desarrollar su trabajo, que incluyen un bien pagado cuerpo de apoyo y los incentivos adecuados a los jugadores seleccionados, será vital.

Si hubo la intención de gastar 5 millones en un “supertécnico”, esa suma, bien invertida, sin interferencias perniciosas de las autoridades deportivas ni de las dirigencias dominadas por el egoísmo sectario, debe servir para cimentar un proyecto pensado con luces largas, para formar una nueva generación de futbolistas de alta calidad y con capacidad de competir exitosamente, primero en nuestro ámbito regional y, eventualmente, a otros niveles.

Llegar a un mundial debe ser la consecuencia de ese proceso formativo y de renovación de nuestro fútbol, en general, y no la premisa de partida de una ilusión construida sobre emociones transitorias. La designación de Valdés podría marcar esa diferencia; pero solo si su empeño, que estará, sin duda, motivado por el patriotismo, encuentra la adecuada correspondencia y el apoyo de las autoridades y las dirigencias.