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Aprende del pasado y no vivas del ayer


Un gran problema de los seres humanos es el no tomar conciencia de las realidades profundas, las invisibles, las que deciden todo pero no se ven. Ser iluminado, estar inspirado, vivir más plenamente la gracia de Dios, “bucear” en las insondables aguas del misterio divino, nos permite encontrarle un sentido a todo.

El gran drama consiste en pasar la vida “dormido”, aletargado en los sueños de las ilusiones vanas que nos conducen a dar “tumbos” por todos lados sin llegar a ninguna parte. ¡Debo despertar ya!

1. Tomar conciencia de “quién soy yo”, un ser único, irrepetible, “hijo de Dios” según la revelación cristiana, coheredero con Cristo del Reino eterno de Dios Padre, un ser con la capacidad ilimitada de vivir en Dios, de profundizar en su misterio y vivir embelesado contemplando su belleza infinita Eso soy yo.

2. Tomar conciencia de quién es mi prójimo, un “otro yo”, alguien con quien puedo comunicar mi realidad entablando un diálogo que nos complemente. Un ser que merece todo mi respeto, apoyo y amor.

3. Saber quién es la humanidad: mi gran familia dispersa por el mundo. Tenemos en el fondo las mismas aspiraciones a la felicidad, la paz, la plenitud, la comunión con los demás. Debo considerarme un “ciudadano del mundo”, buscar más lo que nos une y ser tolerante con otras maneras de pensar. Todo fanatismo empobrece al ser humano.

4. Debo apreciar a la Naturaleza que es mi “casa” y que merece respeto y protección. El drama vivido por el calentamiento terráqueo anuncia grandes catástrofes en un futuro no tan lejano. Yo estoy comunicado vitalmente con todo lo que existe y venir de Dios y de la tierra me hace consciente de que un culto agradable a Él implica honrar todo lo creado, protegiéndolo y haciéndolo más pleno. Podría decir que soy una prolongación de la naturaleza, la parte consciente de la misma.

5. Debo ser sensible ante la desgracia vivida por cientos de miles personas que experimentan graves carencias materiales, clavados en las cruces del hambre, desempleo, falta de educación y enfermedades. Ellos son también mi “otro yo”.

Los pobres “claman al cielo” esperando la manifestación “de los hijos de Dios” y el promover la justicia y el respeto al Bien Común es obligación mía como ser consciente del dolor humano.

7. Debo tomar conciencia de que los que dicen ser mis enemigos, son simplemente aquellos que no han apreciado lo que soy yo profundamente. La ignorancia espiritual conduce a unos a odiar a otros. Que no señale yo a nadie como mi “enemigo”, sino que sepa “ver con los ojos de Dios” a toda persona. Que nunca odie a nadie. Que aprenda a perdonar y olvidar. Que bendiga al que me maldice y tenga paciencia y fortaleza para soportar la maldad de otros.

8. Debo saber que yo sigo siendo un pecador, que necesito siempre de la misericordia divina. Que soy débil y debo vigilarme y amarme a pesar de todo, perdonarme y aceptarme. Aprender del pasado y no vivir anclado en mis pesares del ayer.

9. Debo comprender la gran verdad de que el mundo con sus tenebrosas estructuras, manejado por el “príncipe de las tinieblas no es “mi hogar”, por lo que no pertenezco a él, aunque viva en el mundo. Debo mantener “distancia espiritual” para que el mundo no me absorba y “muera “con su maldad.

10. Debo tomar conciencia de la infinita misericordia de Dios, su paciencia, su eterno amor, su infinito poder y sabiduría. Él entregó a su hijo por mí. Su amor es incondicional.

11. Debo apreciar el valor del “ahora”, el único momento en que estoy presente y en que puedo crecer. Vivir amarrado a un pasado que no existe, cultivando resentimientos o complejos de culpa, o fijado en el futuro, alimentando miedos irracionales, me convierte en un ser infeliz y me enferma emocionalmente.

12. Tengo una misión sagrada que cumplir, ocupar un puesto en la historia en donde debo librar una batalla en favor de la vida. Esta tarea nadie la puede hacer por mí y es única y valiosa.

13. Debo estar luchando siempre contra “mi ego” que es vanidoso, vengativo, hipersensible y traidor. Llevo el “tesoro de la gracia de Dios en una vasija de barro.”

Con su gracia todo lo puedo. Con él puedo vencer mi inconsciencia, porque con Dios soy invencible.