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Aprende entre 'foodies' y 'booktubers'

Por: Redacción 27/08/2015

Guillermo Antonio Ruiz Q. /Ingeniero de Sistemas.  Estratega en Comunicación Política

Esta semana Stephanie me invitó a una degustación de comida en un restaurante de reciente apertura. Normalmente no voy a estos eventos por diversas razones, pero esta vez hice la excepción. Al llegar, ella me sienta en una mesa para cuatro personas con tres jóvenes damas.

Estas jóvenes, que en adelante llamaré Alma, Betty y Carmen, representan un grupo de "corresponsales" de los cuales ya este diario publicó el año pasado una nota completa. Me refiero a los "foodies". Ellas representaban a @una_chanchita y @ElBrunchblog, ambas en Instagram, pero en el lugar el resto de los comensales, en su mayoría, representaban a estas cuentas que son muy populares en las redes sociales.

Ellas, con mucha maestría, cada vez que llegaba una muestra de comida, procedían a retratar la misma. Lo impresionante era la técnica. Armadas de cámaras y celulares iluminaban con el plato de diversos ángulos mientras los fotografiaban, y le hacían comentarios.

Me cuentan ellas que si les gusta el plato y el lugar lo vale, suben estas fotos a las redes sociales y las comentan. El promedio de efectividad de lo que hacen lo miden muy fácil: por cada foto que publican, hay un promedio de cuatro comensales que recibe el restaurante o local de comida que comentan.

Ahora viene lo que me llamó más la atención. Alma tiene 17 años y estudia en el Alberto Einstein. Betty tiene 19 y estudia en Boston, Massachusetts. Carmen, de 23, estudia en la Usma, ambas van a clases de Mercadeo.

Sus cuentas en las redes sociales son seguidas por miles de personas. Hasta hace poco, lo más usado eran blogs, páginas de internet que a modo de diarios informan de diferentes temas a los cibernautas.

Y no es el único fenómeno de este tipo. En nuestro país, adolescentes y jóvenes entre 12 y 24 participan y siguen con pasión a los "booktubers".

Los "booktubers" se dedican a leer libros, hacer una reseña de ellos y subir las mismas a la red social YouTube, distribuyendo su opinión además utilizando el resto de las redes sociales.

Estamos hablando de literatura pura y dura, que los jóvenes interesados pueden comentar y evaluar con otros como ellos en los lugares más lejanos del mundo en línea. La última Feria del Libro de Panamá ha sido largamente comentada, sobre todo por los que presentaban sus obras.

No todo está perdido. Lamentablemente, perdemos mucho tiempo resaltando las cosas negativas que se dan, sobre todo con el tema juvenil. No todos se dedican al pandillerismo o la droga. Ni viven pegados a la computadora o al celular en los chats perdiendo el tiempo de manera lamentable.

Las redes sociales y el acceso a mejores formas de comunicación a través de tecnologías como el internet, además de la posibilidad del acceso a una buena banda ancha, brindan a nuestros jóvenes la plataforma para que encuentren nuevas iniciativas de emprendimiento.

Desde adolecentes son motivados por iniciativas que seguramente ningún adulto logra identificar, debido más que a la brecha generacional, a la brecha tecnológica entre las diferentes generaciones.

Me refiero a jóvenes que quizás antes de los 30 años tengan sus propios negocios expandidos por diferentes mercados regionales utilizando los nuevos medios de comunicación como plataforma. Esto no significa que los medios tradicionales no sirven ya. Lo que hay que hacer es adaptarlos a las nuevas realidades y entender el fenómeno para poder presentar iniciativas que atraigan a estos entusiastas.

Estos jóvenes son invitados a degustaciones en los mejores restaurantes de manera gratuita, reciben primero que nadie libros de todo el mundo sin pagar un centavo. Solo su opinión sincera y el uso de recursos gratuitos como lo son las redes sociales les permiten de una forma u otra hacer la diferencia e incluso, ser tomados en cuenta por sus mayores.

Mi temor es que quienes dirigen el país, desde la política y la empresa privada, no se han enterado de esta realidad. Insisten en modelos gastados, quieren imponer realidades que ya no existen y se apela al clientelismo para llegar a quienes, por razones obvias, no les interesa ni su mensaje y mucho menos su pensamiento.

Gracias a Dios, y a pesar de lo anterior, parece que estos jóvenes cuentan con la suficiente personalidad y coraje para seguir adelante. Ahora lo que hay que hacer es expandir la posibilidad de que sean muchos más. Reformar el código de la familia para devolver la autoridad a los colegios es un paso. Mejorar la educación pública el otro. Y fortalecer la familia, es casi imprescindible. Lo demás llegará solo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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