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Aprender sin miedo


Panamá ha suscrito innumerables acuerdos y tratados internacionales relacionados a la protección del niño, niña y adolescente. Nuestra legislación nacional contempla normas de protección igualmente con castigos hasta de cárcel sobre aquellas personas, que de una u otra manera le causen al niño o niña, algún tipo de daño desde corporal hasta sicológico, ya sea ocasionado por terceras personas ajenas a su entorno, o por aquellos de que tengan algún grado de autoridad sobre ellos; es decir, sean parientes o miembros del plantel educativo.

A nivel internacional existe una organización sin fines de lucro denominada PLAN, de la cual no me une ninguna vinculación. La misma está dedicada a la protección de los niños y niñas y han lanzado un plan denominado Aprender sin Miedo cuya finalidad es erradicar de las escuelas la violencia escolar.

El estudio realizado por esta ONG se basó principalmente en la gran incidencia de abuso corporal, abuso sexual, negligencia, abuso verbal, emocional y hostigamiento escolar. Esta metodología de trabajo concentrada en estos puntos ha sido acogida en 66 países a nivel mundial incluyendo países de America Latina para implementar estos programas en sus respectivas naciones, partiendo de la premisa de que someter a nuestros jóvenes a un largo tratamiento de hostigamiento psicológico o físico puede llegar inclusive afectar su vida adulta en su entorno personal y profesional.

El daño que se le puede ocasionar a nuestros niños y niñas con la aplicación coercitiva de la educación, humillándolos y ridiculizándolos constantemente frente a sus compañeros de aula, el hostigamiento, las amenazas e indiferencias recibidas por el hecho de no caerle bien a un educador, coaccionarlos con solicitudes degradantes para la obtención de mejores notas, son algunos de los aspectos tocados en dicho estudio.

Para no generalizar, en Panamá no todos los educadores y personal administrativo de nuestras escuelas realizan estas prácticas, serán muy pocos que todavía no se han dado cuenta que cualquier actitud tomada contra un niño, niña o adolescente con el objeto de desmoralizarlo, humillarlo o causarle un daño tiene un castigo penal.

Muchas veces vemos a padres de familia, que encolerizado, buscan la manera más rápida de satisfacer su impotencia tomándose la justicia en sus manos, al apersonarse a los centros educativos para agredir a los educadores, sin tener presente que esa no es la vía y que al final quedan todos perdiendo, ya que al generar violencia con violencia los niños o niñas lo ven como una conducta aceptable de solución de conflictos. Lo lógico es apersonarse ante las autoridades competentes a fin de que sean ellos los que tomen los correctivos sobre estos abusos y que aquellos que son declarados culpables sean sacados del sistema.

Ningún país esta libre de esta problemática, nos corresponde a todos enfrentar de manera directa y trabajar hasta el cansancio para erradicarla de nuestros centros educativos, sean estos públicos o privados.