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Aprendiendo de las protestas indígenas


Zozobra, temor, vergüenza y otras impresiones similares dominaron la atención de los compatriotas durante estos días de febrero del 2012. Nuestros hermanos ngäbes anunciaron sus acciones de protesta y aparentemente nadie les dio importancia, como suele suceder con las actividades de estos grupos originarios.

Y aquí se cumplió el dicho “se les creció el enano”. La convocatoria de la dirigencia indígena desbordó toda la población indígena airada y cansada de que no se les cumpliera la palabra dada y de repente se bloqueó la carretera Interamericana en distintos sitios del mapa de las provincias de Chiriquí y Veraguas, incomodando a viajeros, trabajadores, turistas que normalmente iban o venían de un lado a otro del país.

Se sabe que los productos comestibles, en gran parte, vienen de la provincia de Chiriquí, y se deterioran los productos perecederos.

Prevaleció la intransigencia de ambas partes en conflicto, pero hay que resaltar que en gran parte sobresalió la solidaridad con los indígenas, aun cuando estuvieran causando daño.

Finalmente, gracias a la mediación de la Iglesia católica y la buena voluntad de muchos, se firmó un acuerdo en el que los intereses de los hermanos ngäbes fueran tutelados en la ley en cuestión.

De todo lo sucedido, todos hemos aprendido la tenacidad, la seriedad en las protestas, la organización y obediencia en cuanto al comienzo y cese de las acciones, aun cuando no pudieron evitar la anarquía destructiva. Se ha aprendido que la terquedad es mala consejera. Que no se puede dilatar la discusión de temas delicados. Quedó claro que entre los ngäbes hay gente estudiada y serena en la expresión de sus ideas como personas estudiadas.

Se ha retrotraído a primer debate para discutir el artículo 5 de la ley en discusión. Luego de la tormenta viene la calma, esperamos no seguir lastimando con verborrea legal a la dirigencia indígena porque no podemos predecir los resultados. Y viene la espinosa discusión sobre las hidroeléctricas y las concesiones y lo que solicitan los indígenas, que es totalmente cerrada. Con esto el proyecto de las hidroeléctricas entra en crisis si no se negocia con la posición ngäbe. Muchos más problemas quedan en el tapete, que Dios nos ilumine para encontrarles solución.

Gracias a Dios se han tendido puentes para evitar una confrontación y limar asperezas, ya que lo único que espera de nosotros la patria es que superemos diferencias. Que cesen los pequeños caos que ocurren en otras actividades públicas si está a la mano el poder evitarlo.

Sacerdote jesuita.