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Aprendiendo sin manual a ser padres

Por: Redacción 11/06/2017

Para aprender a ser padres no hay manuales, lo que sirve para unos no necesariamente sirve para otros. Criar a los hijos es uno de los retos más difíciles que tenemos en la vida, porque ellos no son objetos que podemos moldear ni obligar a que hagan lo que esperamos o deseamos para ellos. Tienen su espíritu, ese que los impulsa a ser singularmente únicos, no lo que nosotros esperamos que sean. Es nuestra labor guiarlos y acompañarlos, respetarlos como individuos, sin frustrarnos porque no cumplan nuestras expectativas.

La curiosidad es la mayor motivación de un cerebro infantil, por ello es adecuado que tanto padres como madres y educadores se alcen como facilitadores del aprendizaje y no como agentes de presión. Debemos ampliar nuestras heredadas creencias de crianza, ya que los niños de hoy día se enfrentan a un mundo nuevo, lleno de información y tecnología, que está presente para ellos, incluso a través de los juegos y la adaptación de la educación. Todo esto llegó para acompañar la infancia, que es una de las etapas más importantes de la vida en la que se entreteje la tela de nuestra evolución. Así, los niños están inmersos en miles de cambios que a veces los adultos ni siquiera percibimos y que, por lo tanto, nos perdemos si no estamos atentos y no les dedicamos tiempo.

Los padres de hoy en día no solo aspiramos a tener una buena profesión, disponer de independencia económica, tener una buena pareja, un grupo social de amigos con los cuales identificarnos, sino que además, y dentro de este complejo círculo, se encuentran también los hijos. Lo más importante de nuestras vidas, pero a los que de algún modo les queremos dar todo lo que esté a nuestro alcance, olvidando reservar espacio para dedicarles todo el tiempo que desearíamos.

¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y si no estoy atendiéndoles lo suficiente? ¿Y si estoy cometiendo algún error? Nos cuestionamos pensando que podemos estar siendo malos padres.

No hay fórmulas mágicas para reparar y nutrir las relaciones con nuestros hijos, solo nosotros tenemos la oportunidad de agregar hábitos a nuestras vidas que alimenten la relación y nos ayuden a criar hijos felices.

Algunas cosas por las que podemos empezar:

Toda demanda es demanda de amor: los niños no quieren regalos o premios, necesitan tiempo con nosotros, que los escuchemos y los entendamos y no tratemos de comprar su amor.

Predicar con el ejemplo. No podemos pretender que nuestros hijos hagan cosas que nosotros nos negamos a hacer o que no hagan cosas que nosotros hacemos constantemente. Por ejemplo, si queremos que nuestros hijos lean, lo mejor que puede suceder es que nos vean disfrutando del placer de la lectura.

Poner límites cuando hace falta. Los hijos no definirán hasta dónde pueden llegar, y siempre nos empujarán hacia nuestros propios límites.

Llamar la atención con lenguaje adecuado. Hablemos de la acción y digamos qué fue lo que no nos gustó, explicamos cómo nos gustaría que fuera. No usemos descalificativos ni insultos.

Finalmente es bueno comprender que a lo que ponemos nuestra atención e intención será aquello en lo que nos destacaremos, si queremos hijos felices y exitosos, debemos estar presente y dedicar tiempo a que ellos se nutran de nuestra presencia, guía y amor.

Life Coach

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