Aprovechando el momento
Durante la primera década del siglo, durante nuestras frecuentes conferencias a grupos de los denominados "baby boomers", personas nacidas entre 1945 y 1964 que comprenden un importante segmento de la población norteamericana sumando setenta y seis millones de personas próximos a la jubilación, puntualizábamos las enormes ventajas que Panamá ofrecía como sitio de retiro. En aquellos momentos gozábamos de una impresionante gabela gracias a los pioneros desvelos y a la fructuosa proyección de Sam Taliaferro, amigo e inspiración, quien con su proyecto Valle Escondido logra captar la atención de la colectividad formal de mayor jerarquía entre los "boomers", la Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP, por sus siglas en inglés), que selecciona a Boquete como el sitio internacional número uno de retiro en el mundo, floreciendo nuestra proyección como destino turístico. Es importante destacar que este amasijo se diferencia de todas las generaciones anteriores por su visión de mundo, la frecuencia de sus viajes internacionales y bolsillos profundos complementando el deseo de maximizar sus años dorados con vivencias profundas. La cautiva premisa que utilizaba en mis charlas era "Panamá, el sitio donde usted se retira para vivir, no para morir".
Uno de los argumentos que más resaltaba, porque indiscutiblemente disponemos de una feroz competencia en la región, era nuestro cálido clima tropical bendecido por un istmo libre de huracanes y terremotos. Ello porque en realidad la contundente rivalidad climática la ofrecen el estado norteamericano de Florida, donde se han mudado más de 3 millones de personas en lo que va de esta década; el Caribe, con un creciente número de pudientes jubilados que también incluye una importante tajada europea, y México que goza del mayor número de retirados americanos en ultramar, a pesar del cacareado muro de Trump y su deplorable reputación en temas de seguridad. ¡Resulta inverosímil que todo ello haya cambiado en el transcurso de una semana!
El huracán Irma arrasó con el Caribe y ocupará años reconstruir su turismo, la columna vertebral de la economía regional con 30 millones de visitantes que colaboran con 35 billones de dólares en ingresos anuales. Peor aún, la desolación de la destrucción deja una amarga retentiva en la memoria colectiva de los ciudadanos del planeta. Por otro lado, el terremoto el jueves pasado en el golfo de Tehuantepec, México, con una magnitud de 8.2 grados en la escala de Richter, fue el sismo más poderoso en ese país desde 1932. Indudablemente, fenómenos de la naturaleza que, a Dios gracias, no nos acompañan en estos lares.
En ausencia de una estrategia sostenida de turismo que acuerpara el flujo de retirados norteamericanos durante el "boom" inmobiliario de la primera década del siglo, Panamá fue paulatinamente desvaneciendo su brillo, lo que dio como desenlace la pérdida de este importante segmento de inversionistas y consumidores. Más execrables aún son las actuales cifras negativas de visitantes al istmo, cuando a nivel mundial y regional los números no solo son positivos, sino además harto saludables.
Ante los trágicos eventos que enfangan a nuestros vecinos, se hace imperioso que el país adopte una política agresiva en temas de turismo que logre un ordenamiento y una permanente brújula que permita la maximización del empeño. De una vez por todas, nos toca adoptar, como complemento, un plan turístico para el desarrollo agresivo de la Costa Atlántica, en total orfandad, foco de los mayores ruedos de pobreza extrema de la República, que goza del mayor potencial como faro al turismo que se desplazará de las islas caribeñas. Si no lo hacemos nosotros, como jamás le hemos logrado, otros nos hurtarán el mandado.