default

Aquí fue donde murió el Alba

Por: Redacción 16/04/2015

Ingeniero de Sistemas y comunicador social.

Durante la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina, en el año 2005, varios países, incluyendo Panamá, proponen al debate el establecimiento definitivo del Área de Libre Comercio Americana, mejor conocido como Alca.

Esta discusión termina, tal y como los sectores de la izquierda latinoamericana narran, con la derrota de la iniciativa, que más nunca es tratada en estos foros. Desde entonces, siempre se habla de la derrota del Alca. Incluso, en la VII Cumbre de las Américas, celebrada en Panamá, como parte de los actos de la cumbre paralela denominada Cumbre de los Pueblos, etc., se celebró por parte de los participantes el décimo aniversario de la “gesta”.

QUISIERA PROPONER A NUESTROS GOBERNANTES O AUTORIDADES MUNICIPALES QUE EN EL MISMO CENTRO DE CONVENCIONES ATLAPA ENTERREMOS UNA CÁPSULA DEL TIEMPO, QUE POR CIERTO, QUE YO SEPA NO TENEMOS NI UNA, DONDE EN UNOS 100 AÑOS NUESTRAS FUTURAS GENERACIONES PUEDAN VER VIDEOS, FOTOS, RECUERDOS Y OTROS DE LOS DISCURSOS Y ACTIVIDADES DE UN EVENTO HEMISFÉRICO QUE SERÁ IRREPETIBLE.

Pues resulta que, en la reciente y mencionada anteriormente cita hemisférica, sucedió todo lo contrario. Mientras los países que integran o simpatizan con la denominada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, mejor conocida como Alba, intentaban mantener un discurso insostenible, Cuba a través de su presidente en ejercicio, presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República, y secretario del Partido Comunista, enfiló un discurso que, luego de una larga reflexión histórica, fue un verdadero puente para el restablecimiento de las relaciones entre su país y los Estados Unidos, cuyo mandatario hizo, palabras más, palabras menos, lo mismo.

De nada sirvieron los discursos trasnochados y extemporáneos de gobernantes como la de Argentina, que resultó patético al menos, o el de Venezuela, que luego de mucha retórica terminó pidiendo el mismo trato que a Cuba.

Sin discurso, así quedó el Alba. Sin razón de ser. Sin alma. Se acabó. “La guerra fría ha terminado”, proclamó el presidente de la potencia del Norte, Barack Obama, secundado por el eterno comandante del Ejército cubano, ahora entronado presidente que, junto a Fidel Castro, el “Che” Guevara, Camilo Cienfuegos, “El Gringo” y “El Español” bajaron de la Sierra Maestra el 1 de enero de 1959.

Ni los castristas más ortodoxos ni el exilio cubano de la Florida quedaron satisfechos. En adelante, conocidos como “víctimas colaterales” de la búsqueda de este entendimiento.

Ya Estados Unidos ha ensayado estas acciones con países como China y Vietnam. Terminaron devolviendo el Canal de Panamá, visitado placenteramente por el propio Obama. Esta es una ruta sin retorno.

Seamos honestos. El régimen de los Castro está lejos de caer. Sin una oposición unida o al menos con un acuerdo fundamental que los una en temas específicos, va a ser complicado. La verdadera invasión a Cuba va a ser completamente económica. Las grandes franquicias, los centros de diversión, el cine de Hollywood. Ahí es donde va a iniciar un cambio que sí podría sacar de la primera fila a unos y a otros.

El resto de los países que integran el Alba debe entender que todo terminó. Incluso, la visita a la reunión en Jamaica que previamente realizara el presidente Obama con la Comunidad del Caribe (Caricom por sus siglas en francés), es una forma de ir acabando con la otra iniciativa impulsada desde Caracas, el denominado PetroCaribe, que a través de un trato preferencial en la venta de derivados del crudo, se ha convertido en una forma de mantener las lealtades de ese grupo, sobre todo a la hora de las votaciones cruciales en la Organización de los Estados Americanos.

Yo quisiera proponer a nuestros gobernantes o autoridades municipales que en el mismo centro de convenciones Atlapa enterremos una cápsula del tiempo, que por cierto, que yo sepa no tenemos ni una, donde en unos 100 años nuestras futuras generaciones puedan ver videos, fotos, recuerdos y otros de los discursos y actividades de un evento hemisférico que será irrepetible.

A esto me gustaría proponer que se adicionen vistas de la ciudad de Panamá tal como es hoy, los periódicos del día, incluso de otros países, para que los panameños del futuro puedan entender la magnitud de lo que aquí pasó.

Como buenos panameños, no podríamos hacer algo así sin ponerle una placa conmemorativa. Esta vez, la situación sí lo merece. Me gustaría que la misma dijera lo que todo el mundo terminará entendiendo tarde o temprano: “Aquí fue donde terminó la guerra fría”.

Ahora, pecando de ambicioso, creo que también podríamos hacer un pequeño espacio para algo que, quizás, es un poco más entendible para nuestro tiempo, pero no menos importante. Tengo claro que, por algún tiempo, será como un cadáver insepulto, pero la verdad que hay es que se puede y se debe proclamar desde ya: “Aquí fue donde murió el Alba”.

 

 

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas