Archivo político
El archivamiento estatutario del caso del diputado Raúl Pineda, en realidad, representa el archivamiento político del candidato Juan Carlos Navarro. El tribunal de disciplina del PRD arguyó que no se siguió el debido proceso porque al directorio, y no al CEN, menos a la Secretaría General, corresponde la apertura del proceso. Pero el tecnicismo procesal omite la razón de fondo del archivamiento, esto es, el fracaso político profundo del secretario general y candidato presidencial. Navarro tiene en contra al PRD. No toleran que un aspirante a la jefatura del Estado no esté capacitado para el manejo interno del partido que se equivocó con su nominación. Porque no es la primera vez que comete errores de marca mayor. Su trayectoria está marcada por una sucesión de errores que desprestigia al PRD. El plazo se ha vencido, advirtió el ex secretario general Michel Doens, hablando a nombre de los veteranos de la gerontocracia perredista. El asunto no es quitarle la candidatura, sobre lo cual hay consenso. El asunto es cómo sacarlo, sin romper las normas del estatuto y del Tribunal Electoral.
Como en los matrimonios en problemas, el PRD debe resolver la grave crisis con sus propios medios internos. Nadie debe meterse. El partido tiene derecho a tomar las decisiones que correspondan para salvar el desmoronamiento del candidato tumbado por sus funestas equivocaciones. El PRD no puede seguir acuerpando a un político que no es político, a un líder al que ya nadie se arriesga a defender. Con dos presidencias en su haber electoral, el partido fundado por Omar Torrijos tiene el deber de presentar un candidato presidencial que, a seis meses de las elecciones, se ha autodescalificado por su inmadurez, por la precipitación de sus decisiones, por su extraña disposición a agrandar las divisiones internas, a desprestigiar al partido. Después de la derrota catastrófica de Balbina Herrera, otra candidata célebre por sus desaciertos, el PRD estuvo obligado a seleccionar rigurosamente al militante que pudiera devolverlo al poder político. No ha podido lograrlo por la insurgencia de un ambicioso que creyó que, dominando la maquinaria partidaria, se resolvería el problema, sin tomar en cuenta que el problema es él mismo.
Ahora bien. Si el PRD tiene la certeza de que una cierta cantidad de cuñas publicitarias no cambiará la imagen del candidato, los votantes independientes tienen ya la información suficiente para saber por quién no sufragarán. Si el PRD no tiene tiempo para cambiar a Navarro, la otra opción es aliarse con Varela. Pero ¿aceptarían los perredistas votar por el candidato panameñista? ¿Aceptarían los panameñistas ir, más revueltos que juntos, con sus rivales históricos? Las normas químicas y políticas determinan que el aceite y el vinagre no se mezclan. Le quedan otras posibilidades de alianza con Genaro López, Juan Jované, y los que se matriculen como independientes. Sin embargo, estas especulaciones se desmenuzarán como papel quemado si se mantiene la candidatura Navarro para salvar la cara. Cargarán la cruz hasta mayo de 2014, defendiéndose con cuchillos entre los dientes, confiándose en las campañas sucias de un experto extranjero que va a quedar como actor de reparto de la película de los muertos vivientes. Cinco años más fuera de la papa. Esta es la factura PRD.