Armas químicas
Corresponsales de guerra del diario francés Le Monde testimonian que las fuerzas armadas de Siria emplean armas químicas para combatir a los rebeldes que asedian para tomar Damasco. Inclusive, un fotógrafo del diario fue afectado por gases químicos, mientras captaba imágenes del bombardeo aéreo a las filas rebeldes. Si se corrobora esta versión, indudablemente el tema de las armas químicas figurará en la agenda de las negociaciones multilaterales de paz a las que concurrirán representantes de Bachar Al Assad.
La convención sobre armas químicas de 1993 condenó el uso masivo de sustancias tóxicas clasificadas como armas químicas en los conflictos bélicos, así como su producción y almacenamiento. Descargar sustancias tóxicas en bombardeos aéreos y proyectiles de artillería contra poblaciones de ciudades sirias constituye un agravante genocida contra la dictadura siria. Desdichadamente el empleo de armas químicas fue una sombra que oscureció la ayuda tecnológica de EE.UU., Alemania y Francia al tristemente célebre Saddam Husseim.
Centenares de miles de soldados y civiles de poblaciones de Irán fueron afectados por gas mostaza y el agente químico Tabur. Las investigaciones iniciadas fueron engavetadas cuando Husseim resultó invadido y derrotado por las potencias militares que antes le habían auxiliado en el aprovisionamiento de sustancias tóxicas.
En la Primera Guerra Mundial, cloro, gas mostaza y granadas con gases lacrimógenos fueron arrojados en las trincheras por Alemania y Francia. El Tratado de Versalles proscribió la continuidad del empleo de sustancias tóxicas. Sin embargo, España usó masivamente sustancias químicas contra los rebeldes árabes en la guerra del Rif de 1925. Ni Winston Churchill se libró del estigma cuando se desempeñaba como secretario de colonias, al autorizar uso de químicos ponzoñosos contra árabes y kurdos de Mesopotamia opuestos a las explotaciones petroleras de compañías inglesas en su territorio.
Pocos países europeos pueden tirar la primera piedra en este mórbido tema. Alrededor de 70 químicos derivados del petróleo se han empleado en el siglo XX. Agentes químicos como el cloro, chloro pricom, fosgenos; agentes nerviosos de las series G y V, sarín, agentes sanguíneos como el cianuro de hidrógeno, representan algunos componentes de la destrucción de seres humanos perpetrada por naciones occidentales y orientales como armas no convencionales.
La ONU debe tomar cartas en este asunto antes que el mal ejemplo de Siria sea seguido por el terrorismo organizado o por sectas seudoreligiosas. El FBI ha interceptado cartas rociadas de agentes químicos peligrosos dirigidas al presidente Obama. La aniquilación de Bin Laden no ha sido suficiente para desalentar el terrorismo. Subsisten discípulos extraviados como los autores de los atentados de Boston. Pero cuando se exterminan poblaciones civiles en la guerra genocida librada en Siria, la violencia fratricida asume características peculiares que ofenden la dignidad humana. La próxima negociación de Ginebra es la última oportunidad para alcanzar una solución consensuada para contener el baño de sangre y el uso indiscriminado de armas químicas.