default

Armonía en nuestro mundo interior


La salud mental positiva se manifiesta cuando existe un equilibrio entre nuestros deseos y realidades, vivimos armónicamente con nuestro entorno y con nuestras posibilidades psíquicas, físicas y económicas, es decir, hemos aceptado que tenemos limitaciones (de salud, de integración social, etc.) y hemos logrado una adaptación sana a nuestra realidad. Esto no supone una acomodación a deficiencias, sino más bien un intentar crecer, pero desde la propia realidad de cada uno.

La salud mental es un “equilibrio inestable” que se puede perder y recuperar de forma transitoria o de forma definitiva, como ocurre con las grandes patologías psíquicas que se cronifican (esquizofrenia, depresiones psicóticas, etc.). Una persona sana mentalmente no es la que no tiene problemas ni angustias, sino aquella que ha sabido mantener un equilibrio entre sus deseos y realidad, entre sus proyectos y sus capacidades, entre sus necesidades y sus posibilidades, entre su dependencia y la relación con los demás. Sabremos, pues, si una persona tiene un alto nivel de salud mental por su estabilidad en su vida cotidiana y por su capacidad para afrontar los grandes y pequeños contratiempos diarios.

Podríamos decir que el mundo exterior está identificado por el tener y el mundo interior por el ser. Lo primero está representado por el poseer la casa más grande, el coche más rápido, casarse con el hombre/mujer más guapo/a, comprar la ropa de marca, etc. Lo segundo se refiere a los sentimientos de paz, solidaridad, bondad, fortaleza, esperanza y también ira, rabia, impulsividad, rencor, etc., que es preciso encauzar para que el equilibrio no se rompa.

La salud mental, y por tanto la felicidad, consisten en lograr armonía entre el mundo externo y el mundo interno. El desequilibrio produce alteraciones del ánimo y de la conducta que conduce a la infelicidad. Si la balanza se inclina hacia el mundo externo en exclusividad, el ser humano evolucionará hacia una persona insaciable e infeliz; si por el contrario, lo que predomina es el mundo interno negativo, el resultado también es la angustia y el sufrimiento.

K. Horney señala que los rasgos neuróticos de nuestro tiempo son: la dificultad de dar y recibir cariño, la falta de valoración de sí mismo y la agresividad. Son, por otra parte, las caras invertidas del “ser”. Para compensar esas deficiencias, el hombre moderno tiene una salida: “poseer”. “Cuánto más tenga más me querrá la gente, más seguro me encontraré y no tendré que destruir al otro”. De esta forma, el “tener” es un antídoto contra la infelicidad. ccs@solidarios.org.es

Psiquiatra.