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Armonizar las culturas

Por: Redacción 13/06/2015

Confieso que la vida me fascina y, sobre todo, el sueño de vivir, de hallarse y de celebrar el disfrute del tiempo, tanto del vivido como del tiempo que nos queda por vivir, hasta alcanzar a vislumbrar que todo tiene su grandeza y también sus miserias. De ahí que la máxima prioridad de la especie humana, apreciando que una ilusión junto a otras visiones se convierte en realidad, ha de ser la autenticidad del amor, o sea un crecimiento más del espíritu que de la materia, y así, de este modo, concentrar menos venganzas y más reconciliaciones para que el orbe subsista armónicamente ante el cúmulo de discordancias que nos invaden. Para Nelson Mandela, como para cualquier ciudadano de amplitud de miras, su ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades.

No somos islas, y la verdadera donación no puede aislarse en unos pocos, porque si se encierra no es amor, y al final acabará buscando su propio provecho o el interés de unos pocos.

Bajo este pensamiento de lo global hemos de encauzar nuestra propia existencia. Hace tiempo que lo vengo reivindicando en sucesivos artículos y no cesaré de hacerlo, porque esta vida es de todos y de nadie en particular. Únicamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos unidos y acordes. Existe, por tanto, un notorio, definitivo e inaplazable imperativo ético de pasar de las palabras a los hechos. En este sentido, es por ejemplo, un gesto de avance que Italia haya sido designada como país anfitrión de las celebraciones globales del Día Mundial del Medio Ambiente (el pasado 5 de junio) en un anuncio hecho público de forma conjunta por el Gobierno italiano y el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Igualmente resulta significativo que dicha jornada avivara el uso eficiente de los recursos y la producción, así como un consumo sostenible en el contexto de la capacidad regeneradora del planeta, tal y como capta el eslogan, por cierto elegido por la comunidad mundial, a través de sus votos en las redes sociales, refrendando de esta manera el carácter planetario de dicha onomástica: "Siete mil millones de sueños. Un solo planeta. Consume con moderación". Quizás deberíamos permanecer más atentos a este tipo de señales, puesto que son estas conmemoraciones, en las que aparte de subrayar la posibilidad de trabajar unidos, lo que hace que la vida se muestre interesante.

Tal vez tengamos que renovarnos como sociedad, como familia humana, juzgando menos y donándonos más. Por ello hay que insistir sobre todo en que las culturas han de armonizarse, lejos de cualquier poder político o económico, con el único referente de que los sueños son posibles y de que la vida es una permanente sorpresa de que vivo para los demás y no para mí. Con razón una vida no ofrecida tampoco merece continuidad alguna. Eso me parece a mí. Que cada lector responda para sí.

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Viernes 31 de julio de 2026

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