Asamblea improductiva
La Asamblea Nacional registra los más bajos índices de aprobación ciudadana por efectos del acuerdo de gobernabilidad del panameñismo y el perredismo, que la ha convertido en un poder improductivo, insulso y folclórico. Los grandes temas del país están ausentes de la agenda legislativa. En tres meses de funcionamiento se han presentado proyectos, sin pies ni cabeza, mientras la comunidad panameña enfrenta problemas graves de transporte público, inseguridad, auge delictivo, pobre rendimiento agrícola, cambio climático, escasez y carestía de alimentos, en una larga lista de frustraciones sociales. El trueque de favores del gobierno y los diputados del PRD ha generado una mayoría ciento por ciento gobiernista que camina con pasos de tortuga.
Las elecciones de mayo concedieron a Cambio Democrático el mayor número de diputados para que actuara como contrapeso a las arbitrariedades ilegales y los errores de toda clase del Órgano Ejecutivo presidido por Juan Carlos Varela. El Tribunal Electoral, sin embargo, procesa impugnaciones contra diputados elegidos de Cambio Democrático al margen de las causales del Código Electoral para desvanecer la voluntad de los votantes, formando parte del complot inconstitucional para que no exista oposición a los desmanes de Varela. Sin la existencia de una representación legislativa con el aval de números suficientes para que la Asamblea funcione con la totalidad de los diputados elegidos, puede afirmarse sin ambages que el gobierno panameñista manipula la Asamblea para hacer y deshacer lo que le viene en gana.
Los proyectos de ley sobre cutarras, decimistas, banderas extranjeras y restricción del etanol expresan el frívolo exhibicionismo de diputados que buscan aplausos en los pindines o se abanican con una trivial popularidad por completo opuesta al sentido común. Por sus hechos vamos conociendo que estos diputados están dispuestos a todo, menos a legislar en nombre de los intereses nacionales.
Los delincuentes dominan las cárceles. El transporte público ha quedado a merced de los “diablos rojos”. El costo de vida se ha ido por las nubes. Las plagas diezman el estado de salud de los moradores de San Miguelito; la basura es el escenario de ratas, insectos y bacterias, desbordando las funciones de las municipalidades. Los asesinatos de panameños humildes tiñen de rojo sangre los titulares de los tabloides, pero la Asamblea no está en nada. No fiscaliza, no indaga a los ministros, no se pronuncia con leyes que salgan al paso del desbarajuste varelista. La bancada del PRD negocia con el gobierno huérfano de diputados, pero controla las votaciones para poder imponer sus favoritos para la Contraloría y el Ministerio Público.
La sociedad civil emite tímidos comunicados a sabiendas de que el gobierno y la Asamblea no les hacen caso porque los panameñistas que ganaron menguadas curules y los perredistas aplastados por la derrota han formado una sociedad de perdedores súbitamente transformada en negocios de ganadores. Si estos alarmantes resultados producidos en 90 días de cogobierno constituyen las señales de identidad del régimen, ¿qué acontecerá en los próximos cinco años?
Para que la opinión pública mire para otra parte, los medios periodísticos oficialistas se encarnizan con el gobierno anterior denunciando supuestos escándalos sin aval judicial. Pero la opinión pública conoce ese jueguito y quiere resultados aquí y ahora. Las encuestas revelan bajones significativos que no se pueden esconder. Si el PRD persiste en la alianza contra natura, ampliará su tumba política.