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Asamblea o tinglado


Qué triste espectáculo el que nos brindan los denominados “padres de la patria” en la Asamblea Nacional. Hace muchos años que en ese hemiciclo no se escuchan debates de altura, con fundamento y respeto.

En cambio, los debates están llenos de epítetos altisonantes y hasta palabras obscenas que causan vergüenza y dejan muy mal parados a los miembros del primer órgano del Estado.

Durante las últimas dos semanas la situación se ha agudizado, al punto que los calificativos de “ratas”, “lamebotas”, “coimeros”, “sapos” y “drogadictos” han dominado la agenda.

Estos insultos afloran porque las bancadas de gobierno y de oposición intentan justificar a ultranza situaciones que desde todo punto de vista son cuestionables, indefendibles y que hasta rayan en lo delincuencial.

Todo esto frente a la mirada de las personas que acuden al Palacio Justo Arosemena a observar los debates y ante las cámaras del canal 74 que llevan a los hogares panameños este deprimente enfrentamiento.

El pueblo panameño no merece observar este espectáculo de gente que prometió en campaña, hasta la saciedad, que defendería sus intereses, y el país no puede admitir que el Órgano Legislativo se convierta en una especie de “patio limoso”.

Bonita impresión de lo que es una sesión ordinaria en el hemiciclo panameño se llevarán los cientos de diputados que asisten en Panamá a la 124 versión de la Asamblea de la Unión Interparlamentaria.

¿Qué nos habrán querido transmitir nuestros diputados cuando acusaron a algunos de sus colegas de coimeros y drogadictos? ¿Es acaso ese el tipo de personas que está preparando las leyes que regirán los destinos de este país?

Evidentemente en la Asamblea se manejan situaciones que el resto de la sociedad desconoce y que los diputados callan, guardándolas para el momento oportuno en que puedan blandirlas cual espada de guerra.

Los ciudadanos deben guardar en su memoria estas imágenes, para cuando estos diputados toquen sus puertas pidiéndoles otra oportunidad para abochornarlos.