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Ascenso, caída y despegue del martinellismo

Por: Redacción 14/02/2016

"Todos los opinólogos panameños tienen la respuesta a lo que acontece una vez sucede; si les cuestionaras un minuto antes, sería muy probable que dijesen lo contrario. Por ello, viven bien, saben mimetizarse entre la verdad, el cuento, la mentira y la realidad. Cuatro áreas aledañas al quehacer político". Hay tantas historietas que sobreviven gracias al chismorreo de cafetín y las tertulias de las sabandijas, que demora y aturde el entendimiento descifrar de ellas las que son verdad y las que no lo son. Así como, siendo ciertas, lo fueron absolutamente o en partes mayores o menores. Es como una suerte de jubileo sin fiesta o regocijo. Los propaladores casi siempre anotaron algunos cuadrantes que alejaban lo hecho del dicho, invirtiendo la nube hasta envolvernos la razón por carencia de lógica en el torbellino de la incredulidad.

De ahí que no hemos aprendido desde la alborada de nuestro surgimiento como nación a creernos los unos a los otros, qué va, preferimos, birlarnos consuetudinariamente el derecho natural de ser sinceros y pronunciarnos con certeza. Sí, aceptamos nuestra posición como la única e inexorable, las contrarias quedan esparcidas en las agrestes llanuras del bochinche.

Producida la invasión e impuesta la democracia neoliberalista, los dos polos de dominación del poder económico y político de Panamá se repartieron convenientemente el escenario del ejercicio del poder público y todos contentos, a todos les iba bien. A veces uno que otro tirón, unos días dizque en investigación, arresto domiciliario, en suite carcelaria o en República por prisión. Si a bien nos viene, los PRD y los panameñistas creyeron habían aperturado el sarcófago del reparto del dinero y los beneficios producidos en la Hacienda Panamá.

Endara es exaltado como el padre de la democracia panameña y pregunto qué buen padre vende el patrimonio de la familia por centavos cuando sabe que vale millones (Cemento Bayano). Las respuestas girarán en torno a lo que mejor les convenga a los interesados, pero como en mi parecer esto afectaba el interés nacional, diré, caballerosamente que si todos sabemos que el poder originario lo detenta el pueblo, luego entonces y por lógica constitucional les corresponde el honor de ser el gestor del Estado de derecho y de garantías nada más pero nada menos que a los panameños, y con esto dejo el carbón y me inhibo de azuzar la conflagración.

Cumpliendo el pacto de reparto del poder, accede al Palacio de las Garzas el señor Ernesto Pérez Balladares, quien con su histrionismo aniquilante hizo muchas cosas bien, pero otro tanto tan mal que a nadie se le ocurrió más que a él, Mitchell, Pachi y el desgastado colectivo perredista que habría, así fuese un miligramo de oportunidad de reelegirse y traicionar el pacto aludido. Monumental estropeada electoral.

Arriba a la escena presidencial la viuda de Arnulfo Arias, doña Mireya Moscoso, cuya gestión me limito a declarar como la cima de la corrupción, al no solo serlo porque quienes conformaban el Gobierno eran unos soberanos ignorantes en las ejecutivas públicas, sino que y para concluir su identificación cromosómica, eran duchos ladronzuelos.

Haz bien y no mires a quien, por eso Martín Torrijos gana el solio presidencial y se dedica a lo que mejor sabe hacer, evitar confrontaciones y nombrar comisiones que no resuelven algo ni mejoran la situación estrepitosamente calamitosa, pero sirven para disminuir presión.

A la fecha de estos hechos, el país perdía la confianza en su clase política, todos los órganos del Estado habían visto mermados sus índices de aceptación popular y parecían desmoronarse.

Por donde nadie creía se podía hacer campaña exitosa, incursionó Ricardo Martinelli. Ganó sobradamente a la Ing. Herrera. Desde Presidencia se inicia un innegable proceso de renovación integral, no hubo sitio de la geografía nacional que no sintiera los avances y se contagiara de confianza. Para desgracia del titular del Ejecutivo, se fueron acercando hasta asfixiarlo las dudas de su vicepresidente, sus malos asesores y perversos amigotes. ¿Qué ocurrió?, se dedicaron a sacar provecho y, como JCV, pretendieron ejercer presión a través del chantaje, algo como "si no haces lo que quiero, entonces digo que eres corrupto". Los asesores, iniciaron el cambio de líneas de pesca y los amigos prepararon la indumentaria para el cortejo fúnebre. El vocero era Mimito, el Bueno y lo era, solo que para nada en función de los intereses de la nación. No pegó y se truncó por cinco años la fórmula del cambio.

Dadas las nuevas expectativas, se creyó que la vida política de Ricardo se había acabado y qué tristeza, a poco andar, se están dando cuenta de que es lo contrario, está empezando y tiene como norte proteger al pueblo que amó siempre y defraudó algunas veces. Carajo, es un ser humano. Los teoréticos del varelismo no se explican el resurgimiento de Martinelli y se los resumo. Capacidad, organización, sentido de patria, no tiene el sobrepeso que afecta a Varela con sus donantes, no es un engreído oligarca y no es pendejo como no lo fue Arnulfo y prefiere el exilio que la cárcel injusta. Sin garantías no hay justicia. Aprendan. CD es opción en el 2019.

Abogado

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