Atacar al mensajero, e ignorar el mensaje
Panamá América presentó, en una serie de tres reportajes que se publicaron desde el lunes pasado, una investigación que dejó al descubierto una red que desviaba dinero proveniente de notarías hacia un partido político.
El reportaje que firmó el periodista Rafael Berrocal -y con el que colaboré- se construyó mediante el aporte de tres fuentes, las cuales pidieron –en todos los casos- reserva de su identidad, un derecho que protege al denunciante y al periodista, y está regulado por ley.
Ellos aportaron parte de los documentos, algunos nombres, pistas por dónde buscar y teléfonos. Con esos datos, se consultó la base del Registro Público, el Tribunal Electoral y la Defensoría del Pueblo.
Luego, se analizó cada documento –fechas, nombres y firmas- y se hicieron las entrevistas a los notarios de Los Santos, Colón y Coclé.
Al notario de Los Santos se le llamó por teléfono desde las oficinas de Panamá América. En cambio, a la notaria de Coclé se le visitó en sus oficinas, ubicadas en Penonomé. Por último, se contactó por teléfono –también desde las oficinas de Panamá América- a la notaria de Colón el pasado 10 de noviembre y en la cual participaron dos periodistas. Incluso, hay registros informáticos (ver facsímil).
Una vez redactada la información, se llamó a cada uno de los involucrados para que den su versión de los hechos antes de la publicación.
Fue así como, a raíz del trabajo metódico y responsable, ninguna persona negó la información que finalmente se publicó.
No se le pidió a ningún notario más que dijera su versión de los hechos y la verdad. Igual, a las fuentes consultadas.
Pero, sin posibilidades de desvirtuar la información publicada, se intentó atacar al mensajero. Pero el contenido, justamente en lo que otros medios no profundizaron, es lo central. Lo importante.
De nuevo: se atacó al mensajero sin dar explicaciones sobre la serie de reportajes. Y se hizo con la complicidad y el acuerdo de otros.
Una lástima, pierde Panamá.
