default

Atención y servicio público y privado

Por: Redacción 11/06/2014

Desde luego que no me refiero a todas las instituciones del Gobierno ni a todas las empresas, porque hay algunas, que no son la mayoría desafortunadamente, en que uno se siente realmente cómodo con la atención y el servicio que le brindan cuando uno necesita de alguno de ellos. Últimamente, los panameños nos hemos acostumbrado a dar servicio ineficiente como si, en las empresas privadas, estuvieran haciendo un favor al cliente quien es a la larga quien tiene o debe tener la razón porque es quien paga.

LA CAPACITACIÓN Y LA ENSEÑANZA SON INDISPENSABLES PARA EL BUEN FUNCIONAMIENTO DE UN NEGOCIO U OFICINA Y POR ESTO ES QUE LOS PANAMEÑOS NOS QUEJAMOS DEL MAL SERVICIO QUE NOS DAMOS ENTRE NOSOTROS MISMOS.

Hace unos días compré un equipo eléctrico en un gran almacén y demoraron 4 días para traerlo a casa como el gran favor y eso porque me disgusté. Pareciera que, con la anuencia de los jefes, solo les interesa vender el producto y, una vez el cliente lo paga, al diablo abanico que llegó el verano. Y eso no es lo correcto. Ni hablar de cuando sale algo defectuoso y uno reclama con la garantía: nadie quiere saber de qué se trata y le sacan el cuerpo a la responsabilidad. Y esto es lo que sucede en la mayoría de los casos, irresponsabilidad para con los clientes.

Ni qué hablar de los lugares donde uno llega y no hay quién atienda y es necesario rogar para que lo hagan. Si llega alguien a comprar, lo menos que pueden hacer es preguntar qué se le ofrece y, como hacen en un supermercado que conozco, si usted pregunta dónde está tal artículo, dejan lo que están haciendo y lo llevan personalmente donde se encuentra. Desafortunadamente, los principales responsables de que se den estas situaciones son los jefes a los que no les importa con el comportamiento de sus empleados para luego llorar lágrimas de cocodrilo cuando el negocio quiebra.

Señores, la capacitación y la enseñanza son indispensables para el buen funcionamiento de un negocio u oficina y por esto es que los panameños nos quejamos del mal servicio que nos damos entre nosotros mismos.

Ni qué hablar de la tragedia de verse obligado a hacer alguna diligencia en una oficina del Estado. ¡Dios mío bendito! Mejor que no tengan que verse envueltos en esa otra tragedia porque pierden la dulzura del carácter con que salieron de su casa luego de dar un beso a su esposa y jugar un rato con los niños. Allí sí que no existe del todo una consideración con los que se ven obligados a asistir a las mismas. Entre que conversan entre ellas o comen a toda hora, aun cuando tienen que atender público, o les importa un comino con los que a esas ventanillas llegan porque no se los ha enseñado su jefe de turno. ¿Y saben por qué? Porque a ellos tampoco se los enseñaron y ahora que les tocó ser jefes no saben cómo comportarse ni cuáles son sus obligaciones. Existe un poco me importa con lo que allí sucede; solo van a devengar un salario sin tener en cuenta la obligación de atender bien a los clientes, porque sin ellos tampoco existe la razón de ser de su trabajo.

Lo peor es que nos quejamos cuando viene un extranjero y le quita la posición a un panameño. Pues claro, solo basta escucharlo hablar para darnos cuenta que se trata de una persona de otro país en donde pareciera que la cultura fuera superior. Y no es solo esto, es la desidia de no enseñar, como dije, porque los panameños no éramos así anteriormente. ¿Por qué los panameños que trabajaban en la antigua Zona del Canal eran amables y eficientes? Porque sabían que de no serlo, perdían el trabajo. Pero aquí, con el Código de Trabajo que ampara a cualquiera, no importa su comportamiento, despedir a un empleado es un problema. Hace unos años, en un almacén fui objeto de una malacrianza de un empleado y me quejé con su superior. Fue imposible despedirlo y solo pudieron hacerlo cuando tres meses después le tocó la nalga a una compañera de trabajo y así pudieron salir de él.

Cualquiera te tutea, no importa la edad, y es necesario que pongamos coto a estos comportamientos porque no podremos tratar con turistas cultos. O nos acogemos a una mejor forma o perderemos las oportunidades que tenemos. Ojo con lo que digo.

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026