Atentado al futuro
La calidad de la educación pública siempre ha estado bajo fuertes críticas de diferentes sectores, y la realidad es que los gremios magisteriales han complicado cualquier intento por desarrollar el sistema actual.
Los gremios han llevado sus demandas a las calles, y en muchas ocasiones han paralizado las clases para reclamar mejores condiciones laborales. Se oponen a la mayoría de las propuestas para modernizar el sistema educativo.
Está claro que esas medidas de presión se han registrado en todos los gobiernos, convirtiendo el Ministerio de Educación en una de las instituciones más difíciles de liderar.
Cada vez que se habla de modificar los planes curriculares o revisar los métodos de enseñanza aprendizaje se genera un ambiente de polémica por parte de los dirigentes de estos grupos.
Cambiar el viejo y desgastado sistema termina siendo una carrera contra el tiempo en la que los estudiantes, actores principales en esta historia, son los más perjudicados por sus propios docentes.
Muchos de los dirigentes que convocan a huelgas o paros en el sector educativo son activistas de partidos políticos en formación. Los discursos de estos dirigentes son pasionales y se alejan de la realidad.
Lo más triste de todo es que ellos, como dirigentes, participan de muchas de las reuniones para tomar decisiones en el Ministerio de Educación, pero cuando salen de las mismas, modifican sus discursos y se alejan de la mediación.
Es tiempo de cambiar de pensamiento, por lo que es digno de aplaudir la actitud de muchos docentes que se niegan a paralizar las clases y siguen con su misión de educar. A ningún panameño le conviene esta clase de acciones que atentan contra el futuro.
