Audacia en el deporte
Publicitariamente hemos estado abrumados estos días con motivo de una competencia extraña, fuera de serie, fuera de calendario de sus respectivas ligas, fuera de un torneo en desarrollo de dos equipos de balompié de España, actual campeón mundial de ese deporte y el equipo representativo de nuestra República de Panamá. Siempre esperando una lotería.
Como país pequeño que somos por razón de la extensión geográfica y por su población, nos debemos hacer respetar en la medida de nuestras dimensiones en la conducta política, demostrando que ya pasó la época de la “banana republic for two pesos down”, y que hoy es una democracia institucionalizada, económicamente buscando su estabilidad y que forcejea, como otros países, hacia las próximas elecciones llevadas legítimamente como lo acaba de hacer el país del Norte, donde supuestamente no ha habido impugnaciones.
Pequeño este país tendido sobre un istmo, sí, pero con gente preparada en muchos aspectos, aunque no en todos, ya que tenemos peritos en derecho internacional representándonos en organismos internacionales; pequeño sí, pero con representantes en el órgano eclesiástico con obispos en Guatemala y en el Ecuador, con
escritores laureados en torneos internacionales; pequeño sí, pero con catedráticos en universidades famosas. Sí, un país pequeño, pero con ansias de ser grande. Pero del hecho concreto de que tenemos gente valiosa aisladamente, eso no significa que podemos retar a cualquier grandes ligas en otros aspectos del quehacer humano, con aspiraciones de vencerlos con el favor de la suerte. Eso es ya demasiada audacia.
Hoy día, muchos aprecian a este país más que lo que lo apreciamos los propios y nos espera con frecuencia una verdad: “Uds. no saben lo que tienen”, aunque puede ser una frase de cumplido, porque sabemos lo que tenemos y no estamos compitiendo con adversarios invisibles. Por higiene mental, tenemos que valorarnos por lo que somos, ni más ni menos, como dice el Señor en el Evangelio: “cuando hayamos hecho lo que teníamos que hacer, dignos siervos inútiles, somos lo que teníamos que hacer, eso lo hicimos”.
En otras palabras, nos dice el Señor que no se esperan de nosotros milagros. Decían los filósofos que el efecto no puede superar la causa. Por eso, pretender más allá de lo que podemos causa frustración, sin dejar de aceptar los retos, el intentar en una competencia deportiva competir con los campeones del mundo fue una audacia más histórica y no se aplicó el adagio: “Audaces fortuna juvet timidos que repellit”.
Sacerdote jesuita.