¿Aumento contra qué?
Es lógico que los maestros quieran un aumento de sueldos, pues los que reciben han perdido valor si los comparamos con lo que ganaban hace diez años. Los mismos salarios no compran lo mismo, ni siquiera con un año de diferencia. Así que tendríamos que estar de acuerdo con el aumento a los docentes por principio. Pero resulta que todos sabemos que el docente debe mejorarse profesionalmente, debe mantenerse estudiando, leyendo, en contacto con la tecnología pues solo así podrá hacer el trabajo que se le ha encomendado. Para vigilar que los docentes cuenten con las condiciones que su trabajo demanda, la sociedad ha creado el Ministerio de Educación, que no es precisamente un sector del gobierno, sino los representantes de la sociedad en el sistema educativo, y esta sociedad espera que la Ministra nos represente en nuestros mejores intereses. Haber concedido un aumento sin la negociación debida, sin haber obtenido algo de los docentes, es sencillamente un acto irresponsable. Páguele más al docente, ¡pero haga que se lo gane! ¡Exíjale más compromiso! Después de todo no es un subsidio, es un salario que el profesional tiene que ganarse en el desempeño de su trabajo. No nos queda más que deplorar que se haya perdido la oportunidad para acercar a los gremios al camino de la reforma. La actitud de conceder el aumento sin que se hubiese producido un acuerdo al respecto contribuye decididamente a mantener a la dirigencia gremial en el estado de inmadurez e irresponsabilidad a que la mala política de siempre los ha reducido.
