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UP, autonomía y transformación social

Por: Redacción 06/04/2016

La Universidad de Panamá (UP) atraviesa por una importante y difícil coyuntura. Esta se caracteriza no solo por la inminencia de las elecciones destinadas a la escogencia de sus autoridades, sino también por los hechos recientes generados por las auditorías externas. Se trata, a nuestro juicio, de una coyuntura que podría desembocar en el efectivo fortalecimiento de la autonomía universitaria, pero en la que no faltarán fuerzas exógenas que pretendan la práctica destrucción de la misma, vía la intervención desde afuera, promovida por los sectores gubernamentales y los económicamente dominantes que los mismos representan. Resulta importante realizar algunas reflexiones. Para comenzar es fundamental que la solución a sus problemas y de los cambios que la misma reclama surja de la acción desprendida y comprometida de los propios universitarios. Esta es la única forma efectiva de defender la autonomía, que evite que la misma se convierta en un apéndice del proyecto antipopular de los sectores dominantes.

En el ámbito universitario mucho se ha hablado de pertinencia y competencia, conceptos que incluso han llegado a estar presentes en los planteamientos de algunos aspirantes a los más importantes cargos de dirección de la UP. La tradicional definición de pertinencia como la simple conexión acrítica entre la actividad de la Universidad con el Estado y la empresa, en el supuesto que esto asegura su participación en el proceso de desarrollo nacional, resulta inadecuado. Esta sería una posición errónea y acrítica, la cual convertiría a la Universidad en un simple apoyo del proyecto concentrante y excluyente que se viene desarrollando en el país.

La pertinencia, para que el concepto sea válido, tiene que referirse a la verdadera naturaleza de la UP: conciencia crítica de la nación. Es por eso por lo que la defensa y el ejercicio de la autonomía debe apuntar hacia la crítica del actual modelo de desarrollo, el que resulta socialmente inequitativo, políticamente antidemocrático, ambientalmente insostenible y económicamente poco viable hacia el futuro. La UP debe convertirse en un centro de pensamiento científico libre y democrático de investigación, destinado a la generación de las nuevas ideas, instituciones, tecnologías y formas de organización, que sirvan de base al desarrollo democrático, incluyente y sostenible que precisa el país.

En el plano de la formación, necesariamente vinculado a la investigación, no debe ser comprendida con la simple generación de competencias vinculadas al adecuado funcionamiento y reproducción del modelo concentrante y excluyente vigente. Se trata de la necesidad de una universidad capaz de formar los ciudadanos profesionales y técnicos necesarios para que el país emprenda la verdadera ruta del desarrollo nacional.

Hace falta una pedagogía que promueva la capacidad del estudiante de pensar libremente, desarrollar una visión crítica sobre la realidad, entender y defender sus derechos sociales y los de la población. Así mismo, se trata de promover la posibilidad de ejercer su capacidad creativa para el cambio, es decir, lo que algunos llaman la imaginación profunda y la pasión por la justicia.

Estamos frente a un inmenso reto en el que se juega el futuro de nuestra Universidad y su capacidad de hacer parte del necesario cambio que precisa el país. A nuestro juicio, es esencial que se ponga en marcha un amplio debate sobre su presente y futuro. Todos tenemos una responsabilidad en esto, especialmente los que aspiran a un cargo de dirección. Lastimosamente este debate aún no se inicia.

Economista

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