Autoridades descuidan la salud de no fumadores
La génesis del fumar tiene trascendencia antigua.
Los antiguos fumadores usaban todo tipo de hierbas. En las diferentes culturas se usaban desde opio, amapola, marihuana, y más reciente: tabaco. Con el tabaco, apareció el cigarrillo. Este hábito adictivo deteriora las funciones cerebrales masculinas. Desde la adolescencia, daña el desarrollo cognitivo. Estas sustancias se queman y acto seguido se prueba o se inhala para lograr así algún trance o alcanzar una "iluminación espiritual". Debido a que la sustancia activa de la droga como la nicotina, que se encuentra en el cigarrillo, la misma es absorbida a través del cuerpo por los pulmones. Estudios médicos han probado que el fumar y el humo del cigarrillo son causa de enfermedades tales como cáncer del pulmón, paro cardíaco, enfermedad obstructiva del pulmón, así como defectos de nacimiento, diabetes y otras. El fumar cigarrillo delante de otros no fumadores, lo catalogamos como una desconsideración a la salud de los demás. Aquí la moralidad del fumador no cuenta, considerada en las sagradas escrituras como una inmundicia. Esto resume lo que dice la Biblia como una regla de oro: "Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti". Por otra parte, el desarrollo económico de panamá y su atractivo ecológico turístico ha atraído a ciudadanos de todos los países europeos. Especialmente, los retirados. De acuerdo con el internet, países Europeos tienen los índices más altos de fumadores ocupando el puesto 18 de 20. Estos extranjeros, junto con los nacionales, van a los parques y sectores llenos de público como la parada y terminales de buses. A fumar sus venenos. Los alrededores del Banco Nacional, hotel Continental y David y Boquete son los más buscados. Pareciera que a las autoridades nacionales y locales no los mueve esta situación, prohibida en el Decreto Ejecutivo del 17 de marzo de 2005. Porque se interesan más en los lugares cerrados. En el ciudadano de a pie, el descontento es tan evidente que lo único que puede hacer es morderse los labios sin esperanza, y las encuestas sobran. El fumador puede perder la dignidad porque se daña a sí mismo y daña a los no fumadores. También puede ser calificado como sembrador de inmundicias, como se establece en Gálatas 5,19 "Oh, entendamos que ante los ojos de un santo Dios, que un simple agrado a sí mismo y a mis deseos (que es el fumar), es satisfacer la carne (el cuerpo) y no al espíritu". Esto es así, porque dentro de nuestro cuerpo, está el espíritu de Dios (1 Cor. 6,19) y por lo tanto, el cuerpo de uno es el templo de Dios. "Procuren, pues, que su cuerpo sirva a la gloria de Dios”. Y el que lo daña con fumar cigarrillo, está dañando el cuerpo de Dios y a su prójimo, y se tendrá que atener a las consecuencias.
Amigo de Cristo.