Avance de la libertad
En Cuba prevalece la ley N. 88, que más propiamente se la conoce como ley mordaza, por su radicalismo que impide el ejercicio de los derechos ciudadanos y las libertades.
Además, en la Constitución de esa República consta que “la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada”.
Bajo estas nefastas inspiraciones, en los regímenes que erróneamente se denominan “bolivarianos”, se pretende implantar esta clase de férreos controles y aberrantes castigos, en menoscabo de sustanciales derechos humanos.
Bajo ese totalitario esquema, en marzo de 2003, se produjo uno de los más negativos acontecimientos en contra de quienes piensan diferente al régimen opresor; se le llamó Primavera Negra: a 75 personas, entre médicos, políticos, sindicalistas, sobre todo periodistas, escritores y bibliotecarios, se les encarceló, luego de sufrir otros incalificables atropellos, como el brutal allanamiento de sus hogares, efectuado por agentes del Departamento de Seguridad que interrogaron a los familiares de las víctimas y confiscaron ordenadores, máquinas de escribir, fotos, libros y más documentos, que supuestamente demostraban no estar de acuerdo con la tiranía vitalicia y hereditaria.
Los detenidos fueron sumariamente procesados y condenados a penas que fluctuaron entre 6 y 30 años tras las rejas.
Se ha recordado a la Primavera Negra en razón de que varios presos de conciencia han sido liberados por el absolutismo castrista, debido a la presión internacional y a la interna que, ejemplarmente, llevan a cabo las admirables Damas de Blanco y patriotas prisioneros (algunos murieron en huelga de hambre por la falta de libertad y democracia en la desventurada isla).
Por la razón anotada, el régimen absolutista de los Castro se ha comprometido a liberar a 52 disidentes, 7 de los cuales llegaron a Madrid y declararon “el inicio de una nueva etapa para el futuro de Cuba”.
A los excarcelados no solamente se les debe permitir salir de su país sino respetar sus decisiones de quedarse, en caso de haberlas, ya que en las condiciones actuales esas emigraciones se interpretan como destierros. Es imprescindible que los residentes en Cuba se manifiesten como a bien tengan, lo cual no es ninguna novedad cuando existe ambiente de libertad y democracia: eso se conseguirá únicamente cuando no haya autocracia.
En todo caso, se tiene que resaltar las referidas excarcelaciones como un avance de la libertad. 115 presos de conciencia permanecen aún en las mazmorras castristas.
Las naciones de América Latina y el Caribe jamás deben olvidar que la libertad es el más preciado derecho de la especie humana y que las tiranías, por más largas y poderosas que sean, como en la ex URSS, en algún momento caen en pedazos, para quedar como nefastos referentes del despotismo de una época.
