Balance: lecciones aprendidas de las relaciones tico-chinas
Cinco años han transcurrido desde que el presidente Oscar Arias tomara la trascendental decisión de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, entre un país de 4.3 millones con otro de 1,350 millones de habitantes. Contra todos los pronósticos, las relaciones tico-chinas han ido madurando en los últimos cinco años. A tal punto que el balance de la cooperación binacional ha sido beneficiosa en las áreas política, económico-comercial, cultural, educacional y científico-tecnológica.
En el plano económico y comercial, la entrada en vigencia e implementación del Tratado de Libre Comercio China-Costa Rica ha proporcionado una excelente plataforma para la ampliación del acceso al mercado y el aumento de inversiones empresariales entre ambas partes; en 2011, el volumen comercial entre ambos países alcanzó a más de 4 mil millones de dólares, mientras avanzan nuevos proyectos de cooperación económica, tales como la construcción de la nueva escuela policial nacional; mientras empresas de capital chino invierten, ampliando el mercado laboral y la promoción del desarrollo socio-económico. Ambos países han llevado a cabo una serie de intercambios y cooperación en las áreas del cultivo de arroz híbrido, la biodiversidad, el estudio sobre la fauna y la flora de las zonas tropicales y el pronóstico sísmico.
En el plano cultural, científico-tecnológico y educativo, la cooperación académica ha sido de mayor envergadura porque las oportunidades de becas para cursar estudios en universidades chinas se han incrementado, a tal punto que el Instituto Confucio se instaló con éxito en la Universidad de Costa Rica, donde centenares de estudiantes ticos se aprestan al conocimiento de la cultura china y al aprendizaje del mandarín.
Es importante destacar la firma de ocho acuerdos de cooperación económica, asistencia agrícola, aviación civil, turismo y sanitaria tras el reciente encuentro de Laura Chinchilla con Hu Jintao. Por ejemplo, un memorando de entendimiento que establece una relación de cooperación estratégica, con miras a la construcción de una zona económica especial (ZEE) en Costa Rica. Desde esta zona se estimularía la atracción de capitales chinos en alta tecnología, energías renovables, electrónica, automoción o aeronáutica y permitiría a China terminar sus productos en Costa Rica para exportar sin aranceles a los países de la región que tienen TLC con los ticos.
Las lecciones aprendidas, la política exterior tica revela un sentido de oportunidad y audacia ante una China que ha refrendado su compromiso y su interés de continuar fortaleciendo el diálogo político, la agenda de cooperación y la coordinación en asuntos multilaterales, y seguir ampliando la asociación estratégica con los países de la región. Panamá no puede permanecer de espalda hacia una realidad insoslayable, pretender ignorar al país más poblado del mundo que se perfila como la primera potencia económica.
La condición de China como segundo usuario del Canal y el principal abastecedor de la Zona Libre de Colón con inversiones portuarias ha llevado a Panamá a ostentar la quinta posición entre los socios de China en la región. Un caso “sui generis”, porque los diez principales socios comerciales de China tienen fluidas relaciones diplomáticas desde hace más de veinte años.
El desarrollo económico y el intercambio comercial que se perfila con la ampliación del Canal impone un desafío en la política exterior del próximo gobernante panameño, un dilema existencial entre el pasado y el futuro, (entre donaciones o comercio), ante el enorme potencial de colaboración y prosperidad económica que podría adquirirse de superarse el “status quo” de las relaciones informales de bajo perfil con China.
Abogado-Analista Internacional.
