Balance y pronósticos de la campaña política
La campaña política cierra con algunas características únicas que es necesario resaltar a horas de las elecciones. Este torneo electoral estuvo plagado de malos presagios que no sucedieron.
El primero fue que iba a ser una campaña violenta. Más allá de muy aislados episodios, estos meses se han caracterizado por la paz que los electores han profesado.
Acá es donde entra el papel de los medios de comunicación. Todos, periódicos, emisoras de radio y televisoras, tomaron partido activamente por un candidato. Eso no está mal. Es legítimo y sucede en los países con democracias más avanzadas. Pero se dieron casos de clara manipulación, de omisiones de la verdad, de restricciones a la posibilidad de adquirir espacios para cuñas, cierres de programas radiales, temas que eran dignos de ser tratados por la opinión pública desaparecían misteriosamente en algunos medios.
Lo peor han sido los periodistas militantes. Esos que decidieron que su verdad era la que había que imponer y trataban solo los temas que afectaban a la contraparte a la que no apoyaban. Muchos llegaron a describir un panorama apocalíptico irreal y que solo existió en sus mentes alienadas por la necesidad de seguir una línea política e imponerla. Se llamaba a la cordura a una población que siempre estuvo en calma. Se hablaba de preocupación por lo “caldeado del clima político”, cuando en realidad los electores lo único que quieren es elegir a sus candidatos en paz.
Por otro lado, y quizás lo más relevante recientemente, fue el grupo de personas que decidieron convertirse en la conciencia del país y que, en conferencia de prensa con una difusión sin precedentes para tal evento, le informaron a la población cómo votar, por supuesto, luego de que ellos decidieran basados en sus muy particulares razones.
Creo que la situación electoral está bastante cerrada. Lo cierto es que quien quiera que gane va a tener que considerar conformar un gobierno de concertación nacional, ya que posiblemente no cuente con el apoyo de un poco más del 50% de la población.
También me queda claro que las propuestas, las pocas presentadas, son tan parecidas entre sí que es casi imposible definir ideológicamente a cada candidato. Perfectamente bien las propuestas presentadas podrían haber sido usadas por cualquiera de los contendores. Esto demuestra el fracaso de los partidos políticos en constituirse en organizaciones políticas permanentes, quedando a merced de asesores comunicacionales extranjeros que toman de sus catálogos ideas que muchas veces no son útiles en nuestro país.
El penoso papel de los aspirantes de izquierda también deja al descubierto la pobreza de sus planteamientos y lo débil de su apoyo en la población panameña. Y para colmo están divididos en al menos tres partes.
Los aspirantes independientes lo único que probaron es que han resultado un gasto innecesario que solo fue producto del capricho de un grupito de manipuladores ocultos en la mal llamada “sociedad civil” y algunas autoridades del Tribunal Electoral, así como otras organizaciones internacionales que, “utilizadas localmente”, presionaron para que sucediera el bodrio que todos podemos constatar.
Es rescatable la participación ciudadana en los eventos de campaña. De igual manera, hay que reconocer que la mayoría de los candidatos han entendido que la cosa es buscar los votos, lo que nos ha permitido ver hasta los más sobrados haciendo su acto de humildad y tocando puertas casa por casa.
Ahora, si gana el gobierno, la recomposición de la oposición está cantada. El PRD entrará en una catarsis que lo llevará o a la división en tres partes o a la lucha fratricida entre Martín Torrijos, Laurentino Cortizo y, en caso de que gane la candidatura a alcalde, José Luis Fábrega.
En el panameñismo la cosa sería más dramática. Sería el fin de la carrera política de Juan Carlos Varela y terminaría recomponiéndose en el liderazgo de las huestes de la expresidenta Mireya Moscoso.
Si gana el PRD, creo que pocas cosas cambiarían. Eso sí, los anteriormente mencionados se pueden despedir de sus aspiraciones futuras porque Juan Carlos Navarro consolidaría el partido a su imagen y semejanza. En el caso de ganar Varela, creo que se iniciaría una cacería de brujas que sería digna de más espacio. Por supuesto que de ganar el gobierno, las políticas a todos los niveles seguirán ejecutándose tal cual como hasta el día de hoy.
Ojalá este 4 de mayo nuestro país siga siendo un ejemplo para la región y se consolide el sistema democrático, para beneficio de todos los que vivimos y amamos esta tierra, que merece siempre lo mejor. ¡Viva Panamá!