Belisario Porras agoniza nuevamente
Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el museo Belisario Porras, ubicado en la ciudad de Las Tablas, y me sentí, más que sorprendido, frustrado al ver como los documentos, enseres y artículos de uso personal del célebre "caudillo de levita", se deterioran, cada vez más, ante la desidia de las autoridades de Patrimonio Histórico.
Se trata de documentos y artículos valiosos por su contenido histórico, con más de ciento cincuenta años de antigüedad, cuya tinta se ha ido diluyendo por el paso inexorable del tiempo: algunos se hacen ilegibles. Según conocedores del tema, este material no está en un ambiente adecuado, porque la luz, la humedad y la temperatura a que están sometidos hace que se vayan deteriorando día a día; igual suerte corre la banda presidencial, la que literalmente se ha convertido en trapo, pues no se distingue sus colores originales, y el otrora vestido de gala azul, con adornos de hilos y botones de oro, también está en franco deterioro.
Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a otros países, apreciando la riqueza de sitios y artículos históricos finamente conservados, nos sentimos como si en Panamá no se diera valor a lo nuestro. Debo recalcar, además, que le pregunté a una funcionaria que labora en el museo sobre ¿qué tipo de mantenimiento le daban a todo esto? Ella respondió que Patrimonio Histórico asigna cada cierto tiempo a un restaurador para darle el mantenimiento adecuado; sin embargo, desde que ella trabaja allí, hace como dos años, nunca han mandado a alguien para efectuar esa labor especializada de restauración.
Quiero hacer un llamado respetuoso a las autoridades del INAC, específicamente a la oficina de Patrimonio Histórico, para que dediquen mayor atención a éste y a todos los museos del país, porque cada vez que un documento o un artículo histórico se deteriora, o desaparece, perdemos parte de nuestras raíces.
Recuerden, funcionarios de Patrimonio Histórico, que no hacer correctamente el trabajo por el cual el Estado panameño les paga, es condenar a nuestros nietos a la ignorancia sobre la historia nuestra, heredando evidencia mutilada y deforme. Ellos no podrán conocer y tener el agrado de ver, como lo tuve yo, los bastones que usaba el héroe liberal que fue protagonista en la "Guerra de Los Mil Días" y de la batalla del Puente de Calidonia.
Incansable luchador, la vida del Dr. Belisario Porras fue de peligros, de balazos, de destierros, y sinsabores. Pero, en la sexta década de su vida, como candidato de oposición, ganó por primera vez las elecciones para Presidente de la República. Él nutrió el tesoro nacional, edificó magnas obras como el Hospital Santo Tomás y, sobre todo, en otro de sus mandatos presidenciales, no vaciló para defender la Patria en la denominada "Guerra de Coto" (1921), cumpliendo de esta manera con las leyes de su tierra.
Recientemente, en una soleada mañana en la ciudad de Las Tablas, tomé conciencia sobre nuestra historia, la que se esfuma ante la mirada impávida de las autoridades y de que el Dr. Belisario Porras, el hombre de los Grandes Proyectos, agoniza nuevamente.
