Billy Ford
Lo conocí íntimamente. No sólo era admirado; tenía un especial don para hacerse apreciar, respetar, y ser querido. Fuimos socios hace ya muchos años como corredores de seguros. Nuestros vínculos eran muy estrechos, pues su madre y la mía eran primas hermanas.
Su vida fue ejemplar, tanto como empresario, como orador y como político. Patriota hasta la médula de sus huesos, defendió la democracia y combatió el canibalismo a plenitud de sus fuerzas.
Sus convicciones democráticas le merecieron alto y despiadado costo de parte de la barbarie entronizada en el poder, tanto por un exilio sufrido, así como por el derramamiento de sangre de un acompañante asesinado por la barbarie con un disparo hecho hacia él en una manifestación y de la cual quedó empapado al abrazarlo para auxiliarlo cuando caía y cuya foto le dio la vuelta al mundo. Y no contenta con ello la dictadura hostigó sañudamente a sus hermanos.
Magnífico orador, acendrado patriota, valiente e incorruptible como el cedro, puede decirse de él que fue un modelo de buen ciudadano y heredero, al igual que sus hermanos, de las virtudes de un padre ejemplar y también de grata recordación.
