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Biocombustibles, presencia de oligopolios y especulación


Juan Jované (opinion@epasa.com ) / Economista.

En las últimas semanas hemos venido insistiendo en el impacto negativo del cambio climático sobre la oferta global de alimento. Este, sin embargo, no es el único factor negativo que actualmente afecta la seguridad alimentaria a nivel global, ya que la misma también es impactada por la producción de los biocombustibles, la especulación y la presencia de una situación oligopólica en el mercado de los granos básicos.

En relación a la producción de biocombustibles, se debe tener en cuenta que, en Estados Unidos, se utiliza cerca del 37% del total de la cosecha de maíz de ese país para la producción de etanol. A fin de ilustrar el impacto de esto sobre el abastecimiento y precios globales de los granos básicos se puede señalar, a manera de ejemplo, que el total de maíz utilizado para hacer andar la flota vehicular norteamericana es equivalente a dos veces la producción de toda la Unión Europea.

Es esta realidad la que frente a la sequía observada en los Estados Unidos han llevado a José Graziano da Silva, director de la FAO, a solicitar al Gobierno de ese país que suspenda provisionalmente el mandato de incluir 10% de etanol en la gasolina de venta al público. Esta solicitud, desgraciadamente, ha caído en oídos sordos.

Por otra parte, la significativa tendencia al alza del índice de precios de los granos básicos a nivel mundial, que se ha incrementado en 17.6% en solo dos meses, ha despertado temores que la misma ponga en marcha nuevos procesos de especulación sobre estos productos, agravando aún más las penurias que tendrán que sufrir los consumidores, sobre todos aquellos de menores recursos, a nivel global. En este ámbito también se vienen levantado diversas voces solicitando la implementación de leyes y normas que eviten la especulación en los mercados de los alimentos.

Un factor adicional que dificulta una verdadera solución a los problemas de la alimentación global es el carácter oligopólico de los mercados. En efecto, de acuerdo a estudios recientes, solo cuatro firmas --Cargil, Archer Daniels Midland, Bunge y Louis Dreyfus-- controlan el 73% del comercio internacional de granos básicos. Se trata, entonces, de un conjunto de empresas con un enorme poder de mercado, que les permite manipular las cantidades ofrecidas y los precios en función no de maximizar la satisfacción de las necesidades alimentarias de la población, si no de sus insaciables apetitos de ganancia y acumulación de capital.

En estas circunstancias, que se verán agravadas por el cambio climático, el interés del bien común de todos los panameños y panameñas exigen la puesta en marcha de una política de democracia alimentaria, basada en el criterio de la seguridad y soberanía alimentaria. Esto último significa la búsqueda de la mayor autosuficiencia posible en productos como el arroz y el maíz y otros, lo cual implica la promoción de la producción nacional y la protección del mercado interno. El hecho de que el 22.9% de los niños panameños sufran de desnutrición crónica obliga a actuar con urgencia.

Economista.