Bisturí político
La postergación de la marcha de los médicos para la víspera de la cumbre de presidentes forma parte del complot fraguado por partidos de oposición. Huérfanos de argumentos de orden gremial, ponen en la mesa de disección las entrañas políticas del movimiento disfrazado con brochazos reivindicacionistas. La delirante decisión de los directivos del gremio pretende crear en las delegaciones extranjeras, la percepción de que Panamá es un país perturbado por una crisis que solo existe en la imaginación de los autores de la trama del complot de la oposición, que empezó con refritos periodísticos sobre la conexión italiana. Un diario que tiene muchos accionistas, pero un solo patrón, disparó infundios sobre la marcha de un proceso judicial que no tiene sentencia y no vincula a ciudadanos panameños. Un canal de televisión actúa como simple eco del refrito escrito. Luego salió a la palestra la desgastada huelga de médicos que esconden la complicidad del complot debajo de las batas blancas. Parte del guión son las declaraciones de candidatos desesperados por ganar votos, sin lograr superar los estigmas de homicidios y corrupción de sus militantes.
Los fundadores de la medicina panameña –doctores Octavio Vallarino, Antonio González Revilla, Gustavo y Alejandro Méndez Pereira, entre otros ilustres galenos– nunca pensaron comprometerse en las peores expresiones de la politiquería. Sin embargo, los políticos que se han disfrazado de médicos están logrando la distorsión de una herencia digna de respeto por su vocación de servicio social y su formación científica.
La Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional aprobó la partida de $30 millones dividida en $20 millones para capacitación de médicos especialistas y $10 millones para pagar los salarios de los médicos panameños que se desempeñen en los lugares apartados. El Ministerio de Salud trabaja en el reglamento de la Ley 69 y en la redacción del nuevo Código Sanitario. El Gobierno Nacional continúa el desarrollo de la política de salud paralelamente a las obras de construcción de la Ciudad Hospitalaria y el Instituto Oncológico Nacional. El contraste es elocuente: el Gobierno trabaja con seriedad administrativa en el mejoramiento de los servicios a escala nacional, en tanto que otros pierden el tiempo en actos de provocación política y de deserción de los deberes de los funcionarios de Salud.
Se ha puesto en evidencia el montaje de procesos mediáticos de diarios y noticieros de televisión urdidos para la injuria y la calumnia debidamente concertados con la agitación de funcionarios de Salud. La manipulación mediática tiene las horas contadas. A medida que se conocen las segundas intenciones del complot, pocos dudan en darse cuenta de que el barro y el lodo caerán por gravedad en las elecciones de mayo. El tejado de vidrio de los que no quieren pagar impuestos se desplomará en miles de fragmentos. La desesperación electoralista lo impulsa a recurrir a procedimientos reñidos con la democracia y la ética.
Se puede engañar a algunos solamente algún tiempo. Pero la verdad esfumará la mentira en todos los tiempos. El gran estadista que formuló estas reflexiones no imaginó que mucho tiempo después, volverían a recrudecerse nuevos conflictos entre el embuste y la realidad, como sucede hoy en los lares criollos.