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Bochorno en Inadeh


La corrupción es un cáncer que carcome a las sociedades. A medida que pasan los años se arraiga más en el ADN de las instituciones públicas, sin que los gobiernos muestren verdaderas intenciones de erradicarla.

La corrupción es un monstruo de mil cabezas que no descansa en su afán de birlar los recursos públicos. Es como dice el viejo adagio: “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Todo acto de corrupción es repulsivo, pero cuando atenta contra programas dirigidos a los sectores más necesitados, como educación, salud o vivienda, la repugnancia es mucho mayor.

Esta es precisamente la reacción que causa la presunta corrupción detectada en los programas de educación virtual del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh).

Lo descubierto allí no tiene nombre. Una institución y un programa con propósitos nobles no merece que personas inescrupulosas inscriban en los cursos virtuales a difuntos y menores de edad para lucrar con el dinero de todos los panameños.

Se destinaron cinco millones de dólares en dos años para la capacitación de personas humildes, sin mayores controles. El resultado de esta irresponsabilidad acabó en lo que fácilmente podía anticiparse: un morboso festín económico.

El programa fue ideado para beneficiar a personas humildes que no tienen recursos ni tiempo para recibir formación de manera presencial.

Ellas no merecen que esta posibilidad de superación les sea cercenada. Las autoridades deben suspender temporalmente el programa para hacer las investigaciones pertinentes.

Posteriormente, tienen que implementar los controles que no aplicaron desde el principio y que permitieron el abuso con los dineros del pueblo.