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Bomba de tiempo


Dos acontecimientos publicados en diarios de la localidad que involucran a la familia y a los jóvenes en especial, llaman a una profunda reflexión.

La Cruz Blanca Panameña informó que, diariamente, recibe a unos 20 pacientes con problemas de drogadicción en sus instalaciones y que un 80% de ellos son menores de edad.

Mientras que la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y la Familia reveló que el maltrato, en contra de los niños, aumentó en un 10%.

Son dos situaciones peligrosas que están íntimamente ligadas entre sí y que además son caldo de cultivo para otros males aún peores.

El maltrato a la niñez crea futuros hombres y mujeres resentidos con la sociedad que, en la mayoría de las ocasiones, terminan formando parte de las pandillas u otros grupos delictivos existentes en el país.

Curiosamente, ambas situaciones tienen su origen en el seno de la familia, que es el núcleo de la sociedad. Y si estos problemas golpean la esencia misma de la sociedad, todo el sistema de convivencia pacífica y basada en el respeto a los demás está en peligro.

La situación de los menores involucrados con drogas es peor de lo que la Cruz Blanca informa. Porque como ella misma reconoce, la mayoría de los afectados no buscan ayuda médica por temor o vergüenza.

Y cuando la familia falla en su rol orientador y de suministrarle afecto a sus miembros, hay otros grupos que llenan este vacío con malas influencias y proposiciones peligrosas.

Es una cadena que se registra, primordialmente, en las esferas más precarias de la sociedad. Los problemas económicos, las carencias sociales, la falta de amor familiar, la presión de grupo y la baja autoestima son componentes recurrentes en este círculo.

La drogadicción y el maltrato infantil dejan secuelas permanentes en la gente que los sufre. Su peso económico y emocional es muy fuerte para una sociedad pequeña como la panameña.

Si no actuamos a tiempo, vamos a tener ciudadanos enfermos que comprometerán el futuro de la nación.