Bomba de tiempo
El secuestro y asesinato de cinco jóvenes asiáticos en el sector de El Trapichito de La Chorrera ha escandalizado a todo un país, pues los hechos se sucedieron por casi un año sin que ninguna persona o autoridad se percatara.
Es cierto que sus familiares intentaron pagar su rescate sin la intervención de los entes de seguridad y, aunque el ministro del ramo considera que se trata de un hecho aislado y lo compare con lo que ocurre en otros países, la tragedia deja en evidencia la grieta que existe en materia de vigilancia en el país, específicamente en Panamá Oeste.
Las estadísticas no mienten. En lo que va del presente año, en los distritos de Arraiján y La Chorrera se contabilizan 50 muertes y el temor que invade a los residentes es para preocuparse, pues urge que las autoridades empiecen a tomar el control.
En la zona ya operan gran cantidad de bandas delictivas que han escapado del cerco policial en la ciudad capital para poder maniobrar con más soltura.
Los asesinatos, robos, asaltos y decomisos de drogas, entre otros delitos, ya son cosa de todos los días en esa zona, y sus habitantes, representantes de la Iglesia y grupos empresariales claman por mayor seguridad.
Tras el homicidio múltiple, las autoridades locales han implementado operativos de profilaxis para contrarrestar la ola de violencia que sacude al sector; sin embargo, estas acciones no tendrán el impacto esperado si se aplican como reacción.
Ya es tiempo de que, de una vez por todas, se aplique la prevención del delito, pero no como una palabra trillada para campañas mediáticas, sino como parte de la verdadera solución al problema de la inseguridad que tanto golpea a los panameños.
