default

Británicos optan por financiar a los rebeldes sirios


Isaac Bigio (opinion@epasa.com) / Analista internacional.

En el tramo oficial de las Olimpiadas, el secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague, anunció oficialmente que estaba

regalando unos $7.5 millones en ayuda a los rebeldes sirios. Londres se cuida de alertar que ese financiamiento no es para armas, aunque sí lo es para la logística y la propaganda de los insurgentes.

Los que quieren deponer al régimen de Bachar al Asad tienen una división del trabajo. Reino Unido, EE.UU., Francia y las potencias europeas apoyan abiertamente a los subversivos con publicidad, datos de satélites y espías, asesores y estrategas. Turquía presta su territorio como base del Ejército Libre Sirio, tanto de su directiva como de muchos de sus comandos quienes ahora apuestan para tomar Alepo, la mayor urbe del país (muy cercana a Turquía).

Las petromonarquías del Golfo Pérsico (en especial Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos) y el nuevo Gobierno libio que ayudaron a coronar, mandan directamente dinero, armas y hombres a quienes hablan de crear una “Siria democrática”.

Lo paradójico es que los regímenes más autocráticos y teocráticos del planeta son esos reinos totalitarios donde todo el poder está controlado por sus familias reales y donde los derechos de la mujer, los cristianos y los inmigrantes están entre los peores del mundo. En esa ecuación entran los diversos grupos ligados a Al Qaeda que propugnan una guerra santa de los sunitas, no solo contra Occidente, sino contra los musulmanes de otras denominaciones (como los alawitas del entorno de Asad o los chiitas de Irán). En Siria, estos fundamentalistas tienen, al igual que en Libia e Irak, como su principal enemigo al gobierno de turno. EE.UU. les usa para minar a su enemigo común, aunque busca mantenerlos controlados.

Israel, que desde hace 4 décadas es el único país que viene ocupando parte del territorio sirio (las alturas del Golán), no secunda a los rebeldes. Si bien hubiese preferido a Asad como un mal menor (pues teme que su caída dé cancha libre a los sunitas radicales en el país), hoy Tel Aviv quisiese un nuevo régimen sunita pro occidental.

Netanyahu teme que si lanzase una invasión sobre Siria, ello podría hacer que Asad galvanizase el apoyo árabe y musulmán contra el sionismo, pero no descarta intervenir (como antes lo hizo en el Líbano).

La crisis siria también agudiza la tensión en el Líbano, donde Hizbolá chiita (el principal partido armado) apoya a Asad y podría querer provocar una guerra con Israel para hacer que el conflicto se transformase, y que, en lugar de que tenga la actual cubierta que Occidente le quiere poner (democracia vs. dictadura), apareciese como nacionalismo árabe pro palestino vs. Occidente más Israel.

Analista internacional.