Buena y mala praxis médica y administrativa
La buena práctica de la medicina nos deja cada vez más maravillados en pensar que nuestros predecesores pusieron siempre su grano de arena en describir, descubrir, analizar, concluir e informar con veracidad las respuestas del organismo humano ante las agresiones a las que nos exponemos a diario los hombres: microorganismos patógenos, tóxicos, accidentes físicos, enfermedades de todo tipo de etiología, etc. Es difícil entender que en la actualidad, en algunas ocasiones, pareciera que los discípulos de Hipócrates panameños no repitamos esta práctica en nuestros trabajos que deberían ser un templo de vocación y ética de servicio que aparentemente por razones económicas, políticas, falta de valores, vocación lleva a revictimizaciones, engaños y falta de justicia en el análisis de las secuelas que los pacientes presentan secundario a estas malas prácticas.
La medicina panameña ha contado con buena reputación y en nuestros tiempos la gran mayoría de los galenos son fieles exponentes de esta distinción. Por lo expuesto con anterioridad no podemos, de ninguna manera, permitir que esta escuela se vea enlutecida como en otras profesiones por los tentáculos de la corrupción. Las autoridades y especialmente el sector médico al que dignamente pertenecemos tenemos que levantar nuestras voces de protesta ante las demoras, los fallos absurdos médico-legales, la falta de aplicación de medidas oportunas, la búsqueda insaciable de la calidad de vida de los pacientes con secuelas de enfermedades o accidentes.
Lo que ahora es peor es no resolver los problemas socioeconómicos ocasionados de manera prioritaria dando largas o como en buen panameño, marear a estas personas y a sus familiares en vez de todos los implicados hacer los correctivos definitivos no solo en la etapa aguda del daño, sino también ahora convirtiendo entonces a estos panameños honestos, profesionales, trabajadores y humildes en una población desprovista de los beneficios y bienestar que nuestro país brinda no solo a los nacionales, sino a todo el mundo siendo completamente la antítesis del respeto a la vida misma. En esta ocasión nos referimos a los casos cada vez más comunes y no resueltos en su totalidad de los miles de sobrevivientes de la intoxicación con dietilenglicol, los neonatos del Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social (CHMCSS), los quemados del bus incendiado, los tóxicos ambientales de empresas en La Chorrera, etc.
Preguntamos con todo respeto a nuestras anteriores, actuales y venideras autoridades: ¿con qué moral vamos a ser sede de reuniones mundiales de los derechos humanos a finales de este mes y más todavía, albergue al representante de nuestro Dios en la reunión de la juventud católica del mundo en el 2019? Es por esto por lo que repudiamos públicamente la indiferencia, la falta de solidaridad y los desprecios que sufren los pacientes, quienes por fallas de diferentes índoles sufren ahora secuelas de mala praxis, mala administración y errores en los procesos que fueron hechos para salvaguardar la salud y la vida y se convierten en nido de corrupción a grandes escalas.
Señores colegas legislativos, ejecutivos y las más altas autoridades de nuestro querido Panamá, basta ya de tanta complicidad y pongámonos la mano en el corazón y veamos en la mirada de cada paciente a la de Jesucristo que nos visita diariamente con la súplica reflejada en su rostro de la necesidad que ellos sufren en búsqueda de los derechos que con el sudor de su frente ya han pagado y nosotros todos recibimos ese pago periódicamente, negando miserablemente la excelencia de nuestros mejores conocimientos y acciones administrativas urgentes que nuestros hermanos necesitan para seguir viviendo con la precaria calidad de vida que les quedó.
Médico/ Especialista en medicina física y rehabilitación.