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Buenas intenciones

Por: Redacción 15/02/2015

Obama acaba de presentar el proyecto para el año fiscal 2016, que comenzará el próximo 1 de octubre, que contempla un gasto de US$ 3,99 billones y unos ingresos de US$ 3,53 billones, con un pronóstico de déficit de US$ 474.000 millones. Claro que el premio Nobel de la Paz no se olvida del armamentismo. Para el Pentágono, solicita US$ 585.300 millones, 4% más que en el ejercicio actual. Pregunto ¿cuántos marginados podrían mejorar sus vidas con este dinero en lugar de pasar a engrosar las filas de fanáticos extremistas?

Según Obama se incluirá un incremento de los impuestos para los más ricos -1% de los estadounidenses- y una mejora de los ingresos para la clase media. En conjunto, el proyecto representa un aumento del gasto público del 7% sobre los niveles fijados por los recortes automáticos, conocidos como secuestro, que entraron en vigor en marzo de 2013 para reducir el déficit. Entre otras cosas, el presidente de EE.UU. pretende financiar un plan para que sean gratuitos los dos primeros años de community college -centros públicos de educación superior- y otros gastos en materia sanitaria.

Las intenciones parecen muy buenas pero el resultado final es inverso como suele suceder con las acciones represivas, como la imposición de cargas fiscales utilizando el monopolio estatal de la violencia. Cuanto más elevada es la posición económica de una persona, más recursos tiene para derivar los impuestos hacia abajo: puede bajar salarios, subir precios. Total que los impuestos a los ricos terminan pagados por los pobres. Suponiendo que sea cierto que estos fondos terminarán beneficiando a la clase media o los pobres, qué sentido tiene quitarles para luego devolverles lo poco que queda luego de pasar por una enorme burocracia.

Además, Obama quiere establecer un impuesto obligatorio del 14% sobre los beneficios que las compañías estadounidenses obtienen en el extranjero. Parte de lo recaudado con ese impuesto financiaría una propuesta de obras públicas que busca desembolsar US$ 478.000 millones en seis años para modernizar la infraestructura y el sistema de transporte. Pero lo que va a lograr es que las empresas renieguen de la nacionalidad estadounidense para evitar estos impuestos. Y qué sentido tiene hacer rutas, si los usuarios las demandarán y las construirán en la medida en que las necesiten sin necesidad de pasar por la burocracia estatal.

Para remate de buenas intenciones Obama quiere enviar dinero a Centroamérica para evitar la inmigración ilegal. La llegada a EE.UU. el año pasado de decenas de miles de inmigrantes ilegales desde Honduras, Guatemala y El Salvador -incluyendo a más de 60,000 niños que viajaban sin sus padres- causó gran conmoción. Y ahora el gobierno asegura que se requerirían US$ 5.000 millones en los próximos cinco años para poner en marcha un plan para Centroamérica que prevé educación, salud y programas laborales, así como en fortalecer la justicia y seguridad y programas de infraestructura, para ayudar a disuadir a los posibles migrantes. ¿Alguien tiene alguna duda de que, dada la corrupción en estos gobiernos, buena parte del dinero no llegará? Y lo que llegue quizás solucione el problema temporalmente, pero no el fondo.

*(Miembro del Center on Global Prosperity, de Oakland, California)

 

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Martes 4 de agosto de 2026